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domingo, 6 de febrero de 2011

ATALAYAS

El difícil pero importante ministerio de los profetas. Su llamamiento y comisión. Los peligros que acechan. Su mensaje y los destinatarios de ese mensaje. Un desafío para todos los cristianos, sin distinción, porque ellos son los atalayas que Dios tiene hoy.

«Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas. Si el león ruge, ¿quién no temerá? Si habla Jehová el Señor, ¿quién no profetizará?» (Amós 3:7-8).

Estas palabras nos muestran dos cosas importantes: que el Señor se compromete a sí mismo a no hacer nada sin que lo revele a sus profetas, y que los profetas no son una clase especial de personas. Basta que el Señor hable, y todos profetizarán. Así pues, podemos decir que por cada cristiano hay un profeta.

Es de notar que quien dijo estas palabras es Amós, quien, en sus propias palabras, no era profeta, ni hijo de profeta. Sin embargo, él fue y profetizó. (Amós 7:14-17).

La misión de los profetas

Si nosotros miramos el Antiguo Testamento encontraremos que los profetas tenían como principal misión hacer volver al pueblo a las sendas antiguas, al buen camino. (Jeremías 6:16). Ellos se habían extraviado, así que los profetas tenían que hacerles volver al camino recto.

¿Creen ustedes que hay cristianos que han perdido el buen camino? Si es así, entonces necesitamos la restauración del ministerio profético. No sólo son necesarios hoy los apóstoles, los evangelistas, los pastores y maestros. También necesitamos a los profetas.

Para los judíos, el buen camino y la senda antigua, era volver a la ley. Para nosotros, el buen camino y la senda antigua es Jesucristo. ¡Hay cristianos que han perdido el camino, han perdido a Jesucristo! Qué paradoja: en medio de la cristiandad hay cristianos que perdieron a Cristo. En medio de los cultos, de las alabanzas, de las predicaciones, en medio de los encuentros masivos, ¡hay cristianos que han perdido a Cristo! El Señor restaure, por tanto, el ministerio profético, para que muchos puedan encontrar lo valioso que han perdido, y desechar lo vano que han hallado. Desechar esa paja, ese oropel inútil, para encontrar, o reencon-trarse, con Cristo.

Los peligros que acechan

Los profetas antiguos y los profetas de ahora enfrentan algunos peligros. ¿Su seguridad personal? La mayoría de los profetas fueron trágicamente muertos ... Pero no es eso. El mayor peligro que acecha contra nosotros es, como lo fue para ellos, suavizar el mensaje, por conveniencia o por temor. Como aquellos profetas “que han endulzado sus lenguas”, que han acomodado su mensaje. (Jeremías 23:31).

Muchos profetas no querían ser odiosos ni antipáticos. Entonces ellos le predicaban paz al pueblo, aunque sus caminos fueran torcidos. Ellos no miraban por los intereses de Dios: miraban por sus propios intereses. Ese es un problema que afectaba a muchos profetas en el pasado, y a los de ahora también. La gran mayoría de los profetas ‘oficiales’ profetizaban mentiras, para ganar el favor del rey.

¡Cómo se necesita hoy profetas que no busquen congraciarse con sus auditorios, que no busquen hacer ganancia con la palabra de Dios, sino que sean fieles a lo que el Espíritu Santo está hablando! La profecía oficial en Israel fracasó. Y los pocos profetas verdaderos fueron desoídos. ¿Fracasaremos nosotros también?

Todo profeta es un atalaya

Todo profeta es un atalaya. Un atalaya es un vigía que se ubica sobre los muros de una ciudad. Él tiene una posición privilegiada. Él ve a la distancia a muchos kilómetros, y también ve cómo transcurre la vida cotidiana dentro de los muros. Está puesto allí para que vea cuando viene el peligro, y advierta a los desprevenidos.

Desde el 11 de septiembre de 2001, urge que los profetas de Dios hagan oír la trompeta más fuerte que nunca. El mundo fue conmovido, conmocionado ese día. Desde entonces, el mundo sintió que perdió la frágil seguridad que tenía. Creo que la gente, después del 11, está más dispuesta a escuchar; y aun si no quisieran escuchar, es necesario hacerlos responsables a ellos, porque cada persona tiene sus propias torres gemelas. Toda persona tiene un motivo de orgullo, un motivo de gloria. Y va a llegar un día en que Dios las va a derribar. Los juicios de Dios vienen, porque la humanidad se ha corrompido y porque la cristiandad ha apostatado.

Es necesario que los profetas conozcan las señales de los tiempos. El Señor recriminó a los fariseos, porque ellos sabían cuando iba a llover, o cuando habría buen tiempo, ¡pero no sabían distinguir las señales de los tiempos! (Mt. 16:3). ¿Cuántos cristianos están reconociendo hoy las señales de los tiempos a la luz de la Palabra, mirando alrededor, en las cosas que suceden?

Hay una reprensión del Señor en Isaías 56:10-11 a los atalayas inútiles. Ellos son atalayas ciegos, ignorantes, dormilones, insaciables. No saben tocar la trompeta. Amados hermanos, que el Señor no tenga que decirnos así a nosotros.

Llamamiento y comisión de un atalaya

Revisemos el capítulo 1 y 2 de Ezequiel para ver cómo Dios llama a un profeta. Lo primero que ocurre aquí es que Dios se revela a Ezequiel. Dios le muestra su gloria. Hay aquí querubines, ruedas, movimientos extraños... Pero en el versículo 26 aparece un trono y Alguien sentado en el trono. ¿Te suena familiar eso? Ezequiel vio un trono, y a uno sentado en el trono. Y ese que estaba sentado en el trono tenía –dice– una semejanza que parecía de hombre. ¿Podríamos aventurarnos a decir que era el Señor Jesucristo? Tenía una semejanza de hombre. El Padre no tiene expresión física, pero sí el Señor Jesucristo. Así, pues, el Señor Jesucristo se le revela a Ezequiel. Por tanto, lo primero es la revelación que él hace de sí mismo. ¿Cómo podría ir uno a hablar de parte de Dios si nunca ha visto a Dios? Pero si tú lo has visto, hermano, tú puedes profetizar.

Luego, Dios llama al profeta y lo envía a los hijos de Israel: “Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque son una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos”. Dos cosas quedan claras aquí: que ellos son rebeldes, y lo otro, que él debe ir pese a ello, para testimonio. El Señor le advierte tres veces a Ezequiel que tal vez no le escuchen (2:7; 3:11). El Señor estaba preparando a Ezequiel, porque se encontraría con dificultades.

Y luego, Dios instruye a Ezequiel para que reciba la palabra de Dios en sus entrañas y en su corazón (3:3,10). Aquí no se dice que tiene que recibirlo con la mente. Es un grave problema cuando la palabra de Dios es objeto de disección intelectual, o cuando acomodamos los pensamientos de Dios a nuestros propios pensamientos. Si hay algo en lo cual debemos ser fieles es en retener la palabra tal cual ha sido oída. Las entrañas y el corazón son ese lugar íntimo, profundo, donde está el espíritu nuestro unido al Espíritu Santo.

Luego tenemos la encomienda para el atalaya, que es tocar la trompeta cuando viene la espada. Si él no toca cuando viene el peligro, es responsable de los que perezcan.

Mensaje al impío

El mensaje del atalaya no sólo va dirigido al impío (Ezequiel 33:8), sino también al justo (33:13). Esto puede ser novedoso. Podríamos pensar que sólo los impíos necesitan escuchar el evangelio. Pero también el pueblo de Dios necesita oír al Señor.

¿Qué le diremos al impío? Según Ezequiel 33, el impío debe ser notificado de que si no se aparte de su maldad, él morirá. Tenemos que notificar a los hombres que su estado actual es de condenación, que van derecho al infierno. Ustedes se habrán dado cuenta que ya no se predica mucho del infierno. No es un tema agradable. Hoy día se predica el evangelio a gusto del consumidor, un evangelio ‘light’. Sin embargo, ellos deben saber que su destino es el infierno, ¡su destino son las llamas eternas!

Siempre estamos hablando del Dios de gracia, del Dios de misericordia. Pero tenemos que decir que viene el día en que Dios manifestará su ira sobre todos los hombres impíos, sobre todos los que hablaron palabras duras contra él. ¿No dicen así las Escrituras? (Judas 15). Nosotros necesitamos llenarnos de valor para notificarle al impío cuál es el fin de su camino, a la vez que le testificamos de la salvación que hay en Cristo Jesús.

El gran mensaje a los justos

¿Cuál es nuestro mensaje a los justos? Hermanos, el gran mensaje que necesita oír el pueblo cristiano es un mensaje que causa extrañeza con tan sólo mencionarlo. ¿Cuál será el gran mensaje que necesita el pueblo cristiano hoy, el pueblo cristiano, en Temuco, en Chile, en Latinoamérica, y en todo el mundo? Éste, que resumimos en una sola frase, tomada de la carta de Pablo a Timoteo: “¡Acuérdate de Jesucristo!”. (2ª Timoteo 2:8).

¿Pablo diciéndole eso a Timoteo? Parece fuera de lugar. ¿No era Timoteo un hombre de confianza? Sí, lo era. Pero el tiempo en que él estaba viviendo era un tiempo de apostasía. Comenzaban los cristianos a dispersarse detrás del mundo y de sus huecas filosofías. Entonces Pablo tiene que recordarle a su amado hijo en la fe: “¡Acuérdate de Jesucristo!”. Hoy es lo mismo. Muchos lo están olvidando. Hay programas que lo reemplazan, hay corrientes, hay sistemas, hay tradiciones tan metidas dentro de la cristiandad ¡que Cristo está sobrando! ¡Cristo está de más! Un profeta contemporáneo nuestro dijo en una ocasión: “Cristo es el personaje más indeseable, no sólo en el mundo, sino dentro de las catedrales, en los seminarios, en los ambientes más ortodoxos”.

“¡No te olvides de Jesucristo!”. “¡Acuérdate de Jesucristo!”.
Ese es el gran mensaje que tenemos que decir al justo. Pero, claro, decirlo así tan torpe y sencillamente, tal vez no baste. Tal vez haya que ir al detalle y empezar a desmenuzar todas las cosas con que los justos se entretienen y que han dejado fuera a Cristo. Si no, tal vez no lo vean.

La gran advertencia

También hay una gran advertencia que tenemos que hacer a los justos en este tiempo. La Escritura dice que hay dos señales que van a ocurrir antes del tiempo del fin y que tienen que ver con los cristianos. Una, es que la iglesia va a ser restaurada. La restauración de todas las cosas antes que el Señor Jesucristo venga está anunciada en Hechos 3:21. Y la otra señal es la apostasía. (2ª Tesalonicenses 2:3). Por un lado, la restauración, y por otro, la apostasía. Los cristianos de hoy caminan como sobre una cuerda floja, la cuerda floja de la tibieza, del relajamiento. A un lado de esa cuerda floja está el abismo de la apostasía, y al otro lado hay un camino estrecho, hay una puerta angosta: la restauración de la iglesia.

¿Se acuerdan de las palabras del Señor sobre la puerta estrecha y la puerta ancha en Mateo 7:13? Vamos a usar ese símil para explicarlo. Para los cristianos, el camino ancho es la apostasía. En tanto, la puerta estrecha y el camino angosto es la restauración. Por supuesto, el camino ancho es fácil; en cambio, la puerta estrecha cuesta encontrarla. Muchos cristianos hay que no han encontrado la puerta hacia la restauración. Pero cuando uno la encuentra, entonces, el corazón desborda de gozo. Y uno dice: “¿Y cómo es que estuve tanto tiempo esclavizado, sediento?” Ahora ha visto al Señor glorificado y ha visto la iglesia tal como Dios la quiere tener.

Dos opciones para los cristianos

Hay un libro de David Wilkerson que se llama “La visión”. Fue publicado en la década del 70. Voy a citar algunos fragmentos de este libro para ilustrar estos dos caminos, el de la apostasía y el de la restauración.

“Veo la formación –dice Wilkerson– de una súper iglesia mundial que consistirá en una reunión entre los protestantes ecuménicos liberales y la iglesia católica romana, que se unirán políticamente de la mano creando una de las más poderosas fuerzas religiosas en la tierra. Esta súper iglesia mundial será espiritual sólo de nombre, y usará desembarazadamente el nombre de Jesucristo, pero de hecho será anticristo y política en muchas de sus actividades”. En esta súper iglesia –agrega– se admitirán homosexuales y lesbianas, habrá danzas de desnudos, habrá prácticas ocultas, etc, etc. Muchas de esas cosas ya están sucediendo en nuestros días. En Europa especialmente hay ministros homosexuales ordenados, hay ministros divorciados ordenados y hay lesbianas que ocupan altos puestos en la dirigencia de algunas denominaciones internacionales.

Pero también, noten lo que va a ocurrir en forma paralela a eso, y que ya está ocurriendo: “Veo una grande y sobrenatural unión de todos los verdaderos seguidores de Jesucristo, reunidos por el Espíritu Santo y una común confianza en Cristo y su palabra. Esta iglesia sobrenatural de creyentes bíblicos llegará a ser una especie de confraternidad clandestina e incluirá a católicos y protestantes de todas las denominaciones. La misma congregará a jóvenes y viejos, negros y blancos, y a gente de todas las naciones”.

“Al tiempo que la súper iglesia visible adquiere poder político, esta iglesia sobrenatural invisible ...” –(¡invisible a los ojos del mundo, pero visible para Dios!)– “... crecerá tremendamente en poder espiritual. Este poder vendrá de la persecución. La locura de persecución que vendrá sobre esta tierra llevará a estos cristianos a unirse más estrechamente entre ellos mismos y a acercarse más a Jesucristo. Se les dará menos importancia a los conceptos denominacionales y más énfasis al retorno de Jesucristo”.

“Muchos no me creerán –dice Wilkerson– pero yo veo venir el día en que muchos protestantes así como católicos deberán ‘salir de en medio de ellos’. Estos nuevos cristianos no se llamarán a sí mismos ‘protestantes’ o ‘católicos’, sino simplemente ‘cristianos’ ... Su confraternidad no estará basada en la experiencia de hablar en lenguas, sino que estará centrada en el Padre y en su Hijo Jesucristo”.

Y, para terminar... “Sufriendo persecución y consciente de las señales de los tiempos, un ejército de verdaderos seguidores de Jesús seguirá surgiendo como comandos. Serán parte de una iglesia subterránea a la cual veremos predicando el retorno de Cristo y el fin de los tiempos. Serán como una espina en el costado de la iglesia ramera, y producirán remordimiento y comezón en las conciencias de los hombres por su devoción y poder espiritual”.

¿Notan ustedes los dos caminos? Está la apostasía –muy pública–, y está el camino de la restauración –en forma casi anónima, clandestina– . La restauración final de la iglesia no va a tener una gloria a la manera de la iglesia de Jerusalén en Pentecostés. Va a ser una restauración subterránea, secreta, en ambientes pequeños, en cuevas, y en lugares apartados. Cuando venga la persecución, ella será invisible para el mundo. Pero cuando uno asome la cabeza allí, ¡verá la gloria de Dios!

Tres condiciones y tres mensajes

Esta es la gran advertencia, y ahora veremos cuáles son los tres mensajes específicos.

En el Antiguo Testamento, Dios escogió a tres profetas para que llevaran mensajes a tres distintos grupos de judíos en los días en que el reino cayó en manos de Nabucodonosor. Dios envió a Jeremías a Egipto, para que advirtiera como atalaya a los que habían escapado a Egipto. Luego escogió a Ezequiel para que fuera a Babilonia y allí le compartiera a los cautivos deportados, y escogió también a Daniel para que llevara un mensaje profético para el fin de los días, un mensaje dado a un hombre amado por Dios, para que a través de él los amados de Dios lo pudieran conocer.

Hay tres condiciones en que están los cristianos hoy día. Estas tres condiciones están representadas por aquellos tres profetas hebreos y por los destinatarios de sus respectivos mensajes. Son tres condiciones distintas y con tres necesidades diferentes. Y ellos necesitan tres mensajes también adecuados a su necesidad.

Los cristianos secularizados

Hay cristianos que están en Egipto, en el mundo. Ellos se han escapado, ellos han huido. Jeremías tuvo que ir a Egipto por causa de esos a los cuales Dios quería hablarles. Si ustedes leen los capítulos 43 y 44 de Jeremías van a encontrar cuál fue su ministerio allí.

Los cristianos de hoy que están en Egipto también necesitan escuchar un mensaje. ¿Qué les diremos a ellos?

Muchos cristianos piensan que el mundo no es tan malo. Hay cristianos que ignoran que el mundo entero está bajo el maligno; que el sistema del mundo está gobernado por Satanás, y que la política, que la economía, que la educación, están indefectiblemente envenenadas. Los cristianos que ignoran esto se dejan deslumbrar por las atracciones del mundo. Y muchos de ellos van al mundo y se dedican a la política, o bien se transforman en ecologistas, o en economistas, para tratar de mejorar el mundo.

Ellos intentan redimirlo, salvarlo desde adentro. Pero, ¿qué ha ocurrido? En vez de mejorar al mundo, el mundo los ha atrapado. Ellos han dejado al Señor y han adoptado a los nuevos dioses del mundo.

Tenemos que decirles a los cristianos que están en Egipto que ellos tienen que salir de allí. Tenemos que decirles lo que Pedro les dijo a los judíos el día de Pentecostés: “¡Sed salvos de esta perversa generación!”. ¡Tenemos que decirles a los cristianos embaucados por el mundo que ese es un banco que está destinado a la quiebra, que ese es un barco que va a naufragar! ¡Que sobre el mundo caerán los juicios de Dios, que no se inviertan allí, que no le dediquen sus mejores días al mundo! ¡Desencantémosles del mundo! Que no tengan metas tan bajas como construirse una situación en el mundo. ¡Digámosles que ese no es el camino de Dios!

2ª Timoteo nos muestra el tiempo de la apostasía, prefigurando la que había de venir. Allí está un Demas, un Alejandro y otros que han apostatado de la fe, amando el mundo. Wilkerson, en “La Visión”, habla de tres grandes tentaciones que los cristianos van a recibir en los tiempos del fin, y creo que van a afectar principalmente a estos cristianos secularizados: la inmoralidad sexual, la prosperidad, y el relajamiento en las costumbres. ¡Cuántos cristianos hay bebiendo whisky, sentados frente a una pantalla de 50 pulgadas, y riéndose alegremente! ¡Cuántos de ellos se quedarán cuando el Señor venga a buscar su iglesia!

La victoria sobre el mundo

Nosotros tenemos en gran estima la revelación que el Padre nos ha dado acerca del Señor Jesucristo. Hermanos, ¿cómo dice esa revelación? Dice: “Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. (Mat.16:16). Ahora bien, si tú miras 1ª de Juan capítulo 5, vas a encontrar que todo el que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios (v.1), y que todo el que cree que Jesús es el Hijo de Dios, ¡vence al mundo! (v.5). ¿Te parece oportuna esa fe, hermano, en medio de la avalancha que se nos viene encima? ¡Los que han nacido de Dios, vencen al mundo! Cuando venga el diablo con tentaciones, con sugerencias, dile simplemente eso: ¡Yo creo que Jesús es el Hijo de Dios!

La revelación a Pedro fue bien específica: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”, y luego que se le reveló esto, el Señor le dijo: “Sobre esta roca edificaré mi iglesia”. ¿Cuál roca? ¡Cristo revelado y confesado, esa es la roca! No nos cansaremos de decirlo. Lo seguiremos declarando y confesando, y lo enseñaremos a nuestros hijos: ¡Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios Viviente! Y luego el Señor agregó, como para reafirmar más nuestra fe: “Y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella (la Iglesia)” (Mt. 16:18) ¡Aleluya, gloria al Señor!

Los que están en el cautiverio

Luego, los cristianos que están en el cautiverio. Ezequiel fue enviado a Babilonia como atalaya. Siendo Babilonia la cuna de todas las religiones paganas que hay sobre la tierra, ella representa la confusa maraña religiosa en que se ha convertido el cristianismo tradicional y que ha sofocado la vida y el testimonio de Dios.

No obstante, Dios tiene allí también pueblo. Hay allí también amados hijos de Dios, y hay un mensaje para ellos. Ellos tienen que ser advertidos con amor, pero con claridad. Ellos están más expuestos que nadie al peligro de las tres ‘T’.

El peligro de las tres T

Ustedes saben que el judaísmo, como religión, tenía tres pilares, la Torá (la ley), el templo y el Talmud (la tradición). Estas tres palabras empiezan con T. El judaísmo tenía esos tres pilares, y toda religión que se precie de tal también las tiene. Es decir, tienen un libro sagrado, un lugar sagrado y un sistema de tradiciones. Lo peor del caso es que el cristianismo también ha copiado esto del judaísmo, y se ha apropiado de estas tres T.

El cristianismo tradicional tiene su Torá, es decir, su Biblia. Se celebran días de la Biblia, y se le rinde casi pleitesía al Libro. Pero el Señor les dijo a los judíos: “Ustedes escudriñan las Escrituras porque les parece que en ellas tienen la vida eterna, y no quieren venir a mí para que tengan vida”.(Juan 5:39-40). ¡No es en el libro, sino en Cristo que está la vida! Pero muchos cristianos parecen no saberlo todavía. Ellos tienen en gran estima la Biblia, pero el hecho de que Cristo no esté entre ellos pareciera no preocuparles mayormente.

La otra T es el templo. En el Antiguo Pacto, Dios habitaba en un templo. Sin embargo, ya no habita más en templos. ¿Y por qué, entonces, los cristianos siguen el modelo judío, y todavía levantan templos para que Dios habite ahí? Cuando ellos se van para la casa, dicen: “Señor, acompáñanos”. ¡Como si Dios se quedara en el templo y ellos se fueran vacíos para la casa! ¿No es eso una ignorancia terrible? ¿Cómo te sentirías tú si, después de una reunión de la iglesia, te fueras vacío, sin el Señor, para la casa? ¡Es la mayor desgracia!

Cristo vino a vivir en nosotros, para nunca más irse. Y nosotros, el cuerpo de Cristo, ¡somos el verdadero templo! ¡Dios no habita ya más en templos hechos por manos humanas! ¡Él habita en un templo más cálido, más acogedor, que es la iglesia del Dios vivo, edificada sobre el firme fundamento de los apóstoles y profetas, y cuyas piedras vivas son nuestros corazones!

La tercera T es el Talmud, es decir, la tradición oral, que también ha venido a engrosar nuestro sistema de creencias. Entonces, cuanto más antigua sea la denominación, el talmud de ellos será más grande. Como tienen doscientos o trescientos años de historia y esa historia la tienen metida en libros, a la hora que quieren saber cuál es el próximo paso que tienen que dar, ellos consultan su talmud.

Los cristianos que están en el cautiverio, que están aferrados a su Torá, a su templo y a su talmud, tienen que ser advertidos. Ellos están enclaustrados en sus templos, en sus estudios bíblicos sin revelación, en una tradición religiosa, amparados bajo la sombra de una buena doctrina o de un hombre eminente del pasado. Por eso el Señor no puede moverse entre ellos, no los puede conducir. La organización y la rutina suplantan al Señor.

Pudiera parecer, sin embargo, que nosotros lo estamos haciendo bien, que ese no es nuestro problema, pero nuestra mirada es subjetiva, y de tanto ver nuestras deformidades, nos acostumbramos a ellas. Por eso, necesitamos tener el oído atento, para que el Espíritu nos hable por la Palabra. Y también tener el oído atento a la observación de otros santos de Dios. Para que todo lo que ellos vean, y que es menos que Cristo, nos lo hagan saber. Necesitamos el juicio, necesitamos el escrutinio de otros siervos de Dios. No sea que nos pase como aquel vanaglorioso que se miraba en el agua y se encontraba tan hermoso.

Hermanos, la iglesia no existe para mirarse a sí misma. ¡Es para mirarlo a él! ¡Es para glorificarlo a él! A veces hablamos demasiado de la iglesia. Hay demasiados mensajes sobre la iglesia, hay muchos libros sobre la iglesia. ¿Saben? Nosotros no somos los encargados de hablar tanto de la iglesia. La novia no habla de sí misma, ¡habla de él! ¿Se acuerdan del viaje que hicieron el siervo de Abraham y Rebeca? ¿De qué creen ustedes que hablaban en el camino? ¡Hablaban de Isaac, el novio que esperaba! Lo que hacía el criado era hablar de Isaac y sólo de Isaac. De tal manera que al final de ese trayecto, la novia iba tan enamorada de Isaac que no le costó amarlo ¡apenas lo vio...! Creo que el Espíritu Santo está hablándonos de Cristo para que cuando lo veamos, ¡nos rindamos delante de él!

El mensaje al remanente fiel

Y para terminar, hay un tercer mensaje a los hijos de Dios, a los amados y fieles. Creo que el ministerio de Daniel representa a estos siervos de Dios y el mensaje de Dios para ellos. ¿Saben, hermanos? –y esto lo voy a decir con harto cuidado para que nadie se envanezca–. Hoy, tal como también lo dice Wilkerson, hay un remanente sobre la tierra. Un remanente escogido por gracia. ¡Todos los remanentes a través de la historia son escogidos por gracia!

Ellos son amados de Dios. Ellos, al igual que Enoc, caminan con Dios, y en algún momento van a ser arrebatados. Su comunión con Dios es tan íntima que Dios se los va a llevar. Llegará el día en que los amados de Dios van a ser raptados. Estos santos y amados saben que, sin él, no son nada. Han probado el fracaso, han estado en el polvo de la tierra. Pero son “amados, y escogidos y fieles”.

Pero hay un mensaje también para los amados: ¡Cuidado con la confianza en su propia justicia, como dice Ezequiel 33:13! ¡Cuidado con confiar en que ustedes son Filadelfia! ¡Cuidado con confiarse en que tienen la revelación del Padre acerca de Cristo! Cuidado, que pueden resbalar. “Si alguno piensa estar firme, mire que no caiga”. El mucho conocimiento de los misterios de la palabra, puede hacer que el corazón se llene de presunción y de vanidad. Hay algunos amados de Dios que han caído en esto, y hoy se han transformado en Laodicea, diciendo: “No tenemos necesidad de nada.”

Lo peor que pudiera pasarles es que por tener tanta riqueza pudieran envanecerse. Y porque tienen la justicia de Dios imputada pudieran vivir impíamente, coqueteando con el pecado, pensando que porque son amados, Dios va a tener tratos especiales con ellos. ¡Ay! ¡Cuidado con ese peligro! Pudieras tú cometer un pecado y a lo mejor con temor esperar el juicio de Dios, pero al no llegar el castigo, entonces dices: “Parece que Dios tiene tratos especiales conmigo”. Y te deslizas y pecas de nuevo; y como tampoco vino la mano de Dios, entonces te relajas un poco más. ¡Oh, pero en algún momento, y de pronto, ¡viene el golpe! Y entonces te das cuenta que Dios no tiene tratos especiales contigo. Dios no tiene tratos especiales con ningún hombre. Sus principios son eternos. ¡Él aborrece el pecado, cualquiera sea su forma!

Así que, ¡no te relajes! ¡No te confíes! Que no desaparezca el temor de Dios. Luego que caminamos un poco en la vida cristiana, podemos apreciar lo que es el temor de Dios. Y ahora entendemos mejor que “el principio de la sabiduría es el temor de Dios”.

¿Eres amado? ¡Sí! Pero, ¡cuidado, teme también! ¡Teme, teme a Dios! Tú tienes que decir como el salmista en el salmo 119:120: “Mi carne se ha estremecido por temor de ti, y de tus juicios tengo miedo”. ¡Señor, de tus juicios tengo miedo! ¡Líbrame! ¡Háblame a tiempo, persuádeme a tiempo! ¡Yo no quiero caer, tengo miedo! ¿Eres un amado, escogido y fiel? ¡Tiembla, tiembla! Mucho se te ha dado, mucho se te va a demandar.

Así, pues, como atalayas tenemos un mensaje para los cristianos secularizados, para los cristianos cautivados en Babilonia y también para los amados y fieles.

¿Qué haremos?

El panorama descrito nos permite visualizar diversos campos de acción para los profetas de Dios que desean tomar parte en su obra. Dios está llevando adelante su propósito, no nos quepa la menor duda. Y para realizarlo, Dios usará a los que estén dispuestos para ser usados (2ª Tim.2:20-21).

En tiempos de crisis y de apostasía, como los que ya estamos viviendo, hay dos actitudes que los hijos de Dios pueden asumir: la de Noé o la de Lot.

Mientras Noé preparaba el arca para salvarse él y su casa, no estuvo callado. Las Escrituras dicen de él que fue “pregonero de justicia” (2ª Pedro 2:5). Un pregonero es uno que da un pregón. Y un pregón es, literalmente, “la publicación que se hace de una cosa en voz alta y en público”. Nadie puede ser un pregonero secreto. Noé no se calló el anuncio que Dios le había dado, sino que lo pregonó en voz alta y a todo el que quisiera oírlo.

La actitud de Lot, sin embargo, fue muy diferente a la de Noé. Lot sufría por la depravada conducta de sus paisanos, y se sentía abrumado (u oprimido) por ella, pero no fue un atalaya para ellos. La debilidad de Lot contrasta con la fortaleza del testimonio de Noé. Lot no fue un vencedor.

¿Cuál será nuestro modelo? He aquí hay dos claramente diferenciados. Pidámosle a nuestro bendito Dios que nos conceda el privilegio de servirle, aunque sea en una pequeñísima parte, en su obra. Para que Su obra sea nuestra obra.

Tomado de: http://www.aguasvivas.cl
Escrito por: Eliseo Apablaza F. (Síntesis de un mensaje oral).

¡Les Bendigo!

martes, 2 de noviembre de 2010

¿QUÉ DICE LA BIBLIA ACERCA DE LA ADOPCIÓN?

La adopción puede ser una amorosa alternativa para padres biológicos, quienes puedan tener una variedad de razones para estar impedidos para cuidar a sus hijos. También puede ser una respuesta a la oración de muchas parejas que no han podido concebir sus propios hijos. La adopción se muestra como algo favorable a través de la Escritura, como una forma en la que Dios usa a la gente para hacer Su voluntad y traerle gloria a Él.
En Éxodo se relata la historia acerca de una mujer hebrea llamada Jacobed, quien dio a luz un hijo durante el tiempo en el que Faraón (el rey) había ordenado que todos los niños varones que nacieran, fueran muertos a fin de controlar la población (Éxodo 1:15-22). Jacobed tomó un canasto, lo impermeabilizó con asfalto y brea, colocando en él a su bebé y lo dejó en río. Una de las hijas de Faraón, vio el canasto y recuperó al niño. Eventualmente fue adoptado dentro de la familia real y se le puso por nombre Moisés. Él creció y llegó a ser un fiel y bendecido siervo de Dios (Éxodo 2:1-10).

En el libro de Ester, una hermosa muchacha llamada Ester, quien probablemente fue adoptada por su primo después de la muerte de sus padres, llegó a ser reina y Dios la usó para llevar la libertad al pueblo judío. En el Nuevo Testamento, el Único y unigénito hijo de Dios, Jesucristo, fue concebido por medio del Espíritu Santo, en vez de haber sido a través de la simiente de un hombre (Mateo 1:18). Él fue adoptado y criado por el esposo de Su madre, José, quien adoptó a Jesús como su propio hijo.

Una vez que entregamos nuestros corazones a Cristo, creyendo y confiando solamente en Él para salvación, Dios dice que nos convertimos en parte de Su familia – no a través de un proceso natural de concepción humana, sino a través de la adopción – “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!" (Romanos 8:15). El integrar a una persona dentro de una familia, por medio de la adopción, es algo hecho por elección y procedente del amor. “…en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos Suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de Su voluntad”. (Efesios 1:5).
Claramente la adopción – tanto en el sentido físico como en el sentido espiritual – es mostrado como algo favorable a la luz de la Escritura. Tanto los que adoptan como los que son adoptados pueden recibir abundante gozo y bendiciones.

Tomado de: http://devocionalescristianos.org

¡Les Bendigo!

lunes, 1 de noviembre de 2010

LOS NICOLAÍTAS

EL NICOLAITISMO
¿Quienes eran los nicolaitas?

“Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco. Y también tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas, la que yo aborrezco”. Apocalipsis 2:6;15

Al leer estos pasajes del Apocalipsis, la pregunta que surge es: ¿Cuál es la obra de los nicolaítas que tanto aborrece Dios?

Hay algunos tratados que intentan sugerir que los nicolaítas eran una secta que estaba invadiendo a las iglesias cristianas con costumbres antinomianas y que profesaban el libertinaje. No obstante, muchos tratados históricos y responsables que han abordado este tema, descartan tal aseveración.

Para entender la obra de los nicolaítas, es necesario en primer lugar definir el origen de la palabra.

Nicolaíta proviene del griego NICO que significa dominio o conquista sobre otros y LAOS que significa pueblo, gente común, seglar o laico. De ahí podemos analizar la composición NICOLAOS que viene a ser algo así como DOMINIO SOBRE EL PUEBLO.

En segundo lugar, es importante considerar el mensaje a las siete iglesia de Asia menor detallado en Apocalipsis capítulos 2 y 3.

Históricamente se ha interpretado que el mensaje a las siete iglesias, denota el estado espiritual que ha vivido la iglesia a través de la historia, desde los apóstoles hasta la venida del Señor.
La mención de los nicolaítas, Dios la hace en dos iglesias, Éfeso y Pérgamo. En el caso de Éfeso, es un reconocimiento al rechazo de la obra de los nicolaítas, pero en Pérgamo es una dura reprensión a acoger la doctrina de los nicolaítas. Esto nos permite inferir que en esa iglesia, se había consolidado aquella corriente de pensamiento.

¿Cuál es la obra o doctrina de los nicolaítas?
La carta a Éfeso representa el inicio de la iglesia desde el día de Pentecostés, mientras que la carta a Pérgamo nos muestra la decadencia espiritual de la iglesia. Éfeso significa “Deseada”, pero Pérgamo significa “Casamiento”.

La deseada iglesia de Cristo había decaído hasta llegar al punto de olvidar su compromiso con su Señor y definitivamente “contraer matrimonio” con otro. La pregunta que brota inevitablemente es ¿Con quien se casó la iglesia de Pérgamo?.

Para responder esta pregunta, es imprescindible considerar lo que El Señor le dice a esta iglesia: “Yo conozco tus obras, y dónde moras, donde está el trono de Satanás”. (Apoc. 2:13)

La Biblia es sumamente clara en precisarnos que el trono de satanás no esta en el cielo ni en el infierno, sino que en el mundo. El Señor Jesucristo lo dijo con plena claridad: “No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí”. Juan 14:30.

Considerando esto, ya podemos saber con quien se casó la iglesia de Pérgamo. Ella no considera que debe estar alejada del mundo y a salir de él. Ella mora en el mundo y mora donde esta el trono del mismo diablo.
Pérgamo tipifica al compromiso que la iglesia asumió con el estado y con el mundo. Las convicciones se habían echado por tierra a fin de agradar al mundo por sobre los mandatos del Señor.

Muchos ubican el período de esta iglesia aproximadamente por el año 320 dC en pleno gobierno de Constantino, quien por primera vez institucionaliza el concepto de césaro - papismo, osea la presencia de un líder político y religioso, que en la actualidad se conoce como papa.

La obra y doctrina de los nicolaítas, consistió en jerarquizar a la iglesia, destruyendo el armazón horizontal, para levantar uno piramidal. Esa es la obra y doctrina que tanto aborrece El Señor.
Así nace el clero (Nico) y el laicado (Laos). Una casta clerical con privilegios especiales, fuerte vínculo con el césar y un evidente dominio sobre el resto del pueblo (laicos).

Los nicolaítas comenzaron a dividir al pueblo de Dios en dos grupos. Los Clérigos que eran personas “apartadas”, doctas, espirituales y con privilegios, y los laicos que correspondían al resto del pueblo.

Desde aquel tiempo comienza esa estructura piramidal dentro de la iglesia, aún no teniendo asidero en las santas escrituras. La sencillez de la iglesia, se vio paulatinamente reemplazada por una institución organizada con jerarquías y con moldes seculares y paganos extraídos del romanismo. En otras palabras, era el nacimiento de la iglesia de Roma.

La jerarquía y la Biblia
Desde siempre la organización del hombre ha buscado una estructura piramidal. Recordemos la experiencia de la torre de babel (Génesis 11) o el de la misma solicitud del pueblo en el tiempo de Samuel, cuando se revela un desprecio por la teocracia y un anhelo por la monarquía según el molde mundano.
La Jerarquía es un mal enquistado en el corazón del hombre. Es un molde conforme a la naturaleza pecaminosa. Así lo revela la necia solicitud de la madre de los hijos de Zebedeo (Mateo 20:20-28) ante lo cual nuestro Señor Jesucristo responde:

“Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo”. Mateo 20:25-27
Tal como lo declara nuestro Señor Jesucristo en el pasaje citado, la jerarquía produce un enseñoramiento y El no quiere eso de su pueblo. Las jerarquías son propias del hombre caído y no de la voluntad de Dios.
A Dios jamás le han agradado las jerarquías, de ahí que su sentir frente a la doctrina de los nicolaítas es considerada como aborrecible. La revelación de la escritura nos muestra que el anhelo de Dios es estar en medio y no sobre su pueblo. Ciertamente el pecado lo arruinó todo; cuando Adán y Eva desobedecieron, se creó una gran brecha que mas tarde vino a eliminar nuestro amado Salvador y Señor Jesucristo.

Cuando observamos la casta sacerdotal en el antiguo pacto, parecería que Dios hubiera instituido una jerarquía eclesiástica. El sumo sacerdote era superior al sacerdote. Uno puede entrar al lugar santísimo, pero el otro solo hasta el altar del incienso. No obstante, debemos considerar que el sacerdocio nunca fue la imagen misma de las cosas conforme al pleno agrado de Dios, sino que sombras, emblemas y símbolos de lo que había de venir.
Cristo terminó con eso, rasgando el velo del templo y abriendo el lugar santísimo para darle acceso directo a Dios, a cualquier pecador que transita por medio del sacrificio de la cruz del Gólgota.

En el nuevo testamento, la instrucción de los ministerios y dones del Espíritu Santo expresados en las cartas de Pablo a los Romanos, Corintios o Efesios, y lo dicho por el apóstol Pedro en su primera epístola, de ninguna manera enseñan la jerarquía en la iglesia, por el contrario, se enfatiza la igualdad de importancia en cada uno de los miembros de la asamblea. Es decir, se deja en claro que tanto el obispo como el que sirve a las mesas, tienen la misma importancia, y nos son parte de un escalafón jerárquico como lo vemos en la actualidad.

Nuestro Señor Jesucristo lo enseñó con tanta precisión, veamos:
“...aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí. Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo”. Mateo 23:6-11

El texto es suficientemente decidor. Dios no desea las jerarquías entre los hermanos. Los fariseos eran una casta que se arrogaba el privilegio de servir a Dios y de sentirse mejores o mas importantes que los demás. Cristo condenó abiertamente aquella postura hipócrita y que no dista tanto de lo que pasa en la actualidad en la iglesia evangélica. Parece que pasajes tan categóricos como el citado, se han extinguido de los púlpitos así como por encanto.

Hoy, el término “ministro” es como un grado jerárquico, y la feligresía actúa frente a los tales como si fueran algo así como seres angélicos. Esto es el legado del nicolaítismo. El clero por sobre los laicos.

El apóstol Pedro, tan manipulado por la iglesia de Roma, jamás actuó como los “ministros” de la actualidad, menos como el papa del Vaticano. Recordemos como corrigió aquella recepción dada en la casa de Cornelio:

“Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró. Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre”. Hechos 10:25-26
La actitud de Cornelio, es propia al de todo ser humano que no tiene conocimiento de Dios. Es la clásica actitud religiosa que pretende hacer “dioses” de los hombres. Desde tiempos remotos, el hombre ha elevado a los altares a individuos que han demostrado rasgos de piedad y de espiritualidad, y no me refiero exclusivamente a la iglesia de Roma, sino que a antiguas religiones y culturas paganas como el budismo, el zoroastrismo, el Islam, etc. etc. Lo triste e increíble, es ver que la iglesia evangélica también muestras aristas muy similares a esta costumbre humana y que Dios aborrece.

La jerarquía dentro de la iglesia evangélica
Muchos de los “ministros” de la iglesia actual no conforme con la herencia del nicolaítismo al dividir la membresía entre clero y laicos, han subdividido los ministerios en rangos jerárquicos.
Por ejemplo, ahora el obispo es superior al pastor. Esto, no solamente es un insulto a la enseñanza bíblica, sino que un atentado al intelecto. En la Biblia, los términos anciano, pastor u obispo indican absolutamente el mismo oficio, y nunca expresan un rango jerárquico. Es una presunción anti bíblica enseñar que entre los ministerios existe un escalafón jerárquico. Esto revela la búsqueda de algunas personas vanidosas que desean estar sobre los demás. Es muy frecuente encontrar a conocidos pastores, y que ahora se proclaman obispos, como si aquello los elevara de rango.

Veamos los que enseña Pedro al respecto:
“Ruego a los ancianos que están entre vosotros... Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros”. 1Pedro 5:1-2
Las palabras de Pedro son exageradamente claras. Los ancianos u obispos (es exactamente lo mismo) no están sobre la grey como lo reclama el nicolaítismo, sino que “ENTRE” ellos. La función del pastor no es establecer una dictadura hegemónica e infalible, sino que servir entre los hermanos. Si aún no es suficiente este argumento, sigamos leyendo a Pedro:

“no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey”. 1Pedro 5:3
La palabra señorío ya había sido advertida por el Señor Jesucristo en Mateo 20:25-27, y es una característica propia del mundo y no de la que debiera existir entre los hermanos.
Recordemos la instrucción dada por Dios a Moisés respecto a la construcción del altar:
“No subirás por gradas a mi altar, para que tu desnudez no se descubra junto a él”. Éxodo 20:26.

La palabra jerarquía denota una estructura escalonada y ascendente, que sitúa a personas u otras cosas en un orden según su importancia. El texto de Éxodo, nos revela que Dios prohíbe al hombre subir por gradas en su altar y elevarse por sobre los demás, porque lo único que quedará al descubierto es su desnudez.
Es eso lo que justamente pasa cuando un individuo se pone por sobre sus semejantes; las deficiencias y bajezas quedan al descubierto. Cuando la lupa es fijada en los hombres, solo podremos observar imperfecciones, pero si la fijamos en la persona de Cristo, solo descubriremos impecable perfección. El nicolaítismo pretende eclipsar al único que debe estar sobre nosotros: a nuestro Señor Jesucristo.
Las gradas son la clásica estructura de los templos evangélicos de la actualidad. Muy semejantes a las capillas y catedrales romanistas, exhiben imponentes altares y ostentosos sitiales (Luis XV) para el clero por sobre la altura de los laicos. ¿Por qué ocurre esto? La respuesta es simple; es el legado del nicolaítismo dentro de la iglesia.
El clero y sus distintivos especiales
No conforme con la organización dividida entre el clero y los laicos, los seguidores del pensamiento nicolaíta, también incorporaron a sus formas, el uso de atuendos que los distinguían de lo seglar.
Se instituye el uso de sotanas, pectorales y de cuello clerical al mas puro ejemplo de la iglesia de Roma. Ellos dicen que aquellas vestimentas los distingue como “siervos de Cristo”, pero en el fondo no es mas que una cómoda conservación de costumbres religiosas y a veces, una vanidosa satisfacción de sentirse distintos a los demás.

Los fariseos ya tenían esta costumbre de distinguirse de los demás utilizando atuendos extravagantes, y justificaban aquella forma de vestir, interpretando literalmente pasajes de la torá. El Señor Jesucristo habló categóricamente al respecto:

“Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas..”. Mateo 23:5- 6

Recuerdo una inauguración de un templo evangélico cuyos asientos estaban divididos entre el clero y los laicos. Obispos y pastores en los primeros asientos, diáconos y “el resto” en la galería... ¿no es eso justamente lo que El Señor objeta en el texto citado anteriormente?

Un conocido hermano español, dijo una vez: “No existe mas grande título para alguien, que el de hermano”.

No obstante, hoy el título de solo “hermano” no satisface, y los nombres deben ir precedidos por prefijos tales como reverendo, obispo, doctor u otro término que lo diferencie de los laicos.
Lo curioso de todo esto, es que a las mismas membresías o “laicos”, pareciera que les fascinara esta forma de organización, pues de ellos mismos salen expresiones tales como: “mi obispo”, “mi pastor”, “ministro”, etc., etc., y sus comportamientos no distan mucho de lo que ocurre en el mundo católico.

Por favor no mal interpretar
Esta observación que es comprobada y avalada por la historia de la iglesia y también por hombres sencillos y fieles al Señor, no persigue el restar importancia a los ministros ni a los diversos ministerios. Por el contrario, nuestra convicción es que el cuerpo de Cristo que es la iglesia, se compone de miembros con diversas funciones, todas con el mismo valor y todas sometidas entre sí. Nadie es mas importante ni nadie es inferior a otro (1 Corintios 12:1-31).
Los pastores cuidan el rebaño, los maestros enseñan, los evangelistas predican la buena nueva, los diáconos sirven, y todos se someten recíprocamente sin necesidad de que exista una jerarquía nicolaíta.

El llamado es a reivindicar el sentir de la iglesia de Éfeso; aborrecer la obra de los nicolaítas y desaprobar el enseñoramiento de algunos que piensan que porque ejercen tal o cual oficio en las iglesia, son mayores que los demás.
Esta reprobación y advertencia, ya estaba analizada en detalle por el apóstol Juan en su tercera epístola, veamos:

“Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe. Por esta causa, si yo fuere, recordaré las obras que hace parloteando con palabras malignas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohíbe, y los expulsa de la iglesia”. 3 Juan 9-10

Juan acusa categóricamente a este Diótrefes, revelando su altanería y soberbia osadía al pretender ponerse por sobre los demás. La iglesia de Cristo, siempre ha tenido que ver el surgimiento de hombres que luego de un tiempo se ensoberbecen e implantan una hegemonía destructiva y totalmente alejada de la voluntad de Dios. Esa es la repudiable actitud del nicolaítismo que tanto mal ha traído al pueblo de Dios.
A manera de conclusión
Finalmente, es necesario precisar una vez más que todo este breve estudio no tiene el propósito de fomentar el desorden o de restar importancia a los hermanos que nos presiden en nuestras asambleas, eso sería algo inaceptable. El objetivo es informar acerca del origen extra bíblico del sistema nicolaíta y de cultivar en nuestras congregaciones la sencillez de la iglesia primitiva que tanto se ha perdido en la actualidad.

Hoy existen muchos hermanos sinceros que derraman lágrimas por el trato arrogante de aquellos que se auto proclaman “los ungidos” en cuyas corporaciones existen estas jerarquías eclesiásticas tan aborrecidas por El Señor según lo ya tratado en este estudio.

El deber del creyente que desea agradar a Cristo, es obedecer a los hermanos que nos presiden, a los pastores y líderes, pero aquello no tiene ninguna relación con defender la existencia de jerarquías dentro de la iglesia, aceptando castas clericales y grupo laicos en la membresía.

Que Dios nos ayude a cultivar en nuestras congregaciones aquel sentir que hubo también en Cristo Jesús, es decir, considerar al otro, como superior a uno mismo (Filipenses 2: 3) y no teniendo mas alto concepto de sí, que el que debemos tener (Romanos 12:3).

Que la gracia de nuestro amado Señor y Salvador Jesucristo sea con todos, Amén.

Pablo J. Espinoza L.
Marzo 2007
Espero este estudio sea de bendición para Ustedes.


EL MILAGRO DE LA ADOPCION

“No habrá mujer que aborte, ni estéril en tu tierra; y yo completaré el número de tus días".
Esta es una hermosa promesa del Señor, que encontramos en Exodo 23:26; estas palabras que Jehová dio a Moisés, se siguen cumpliendo hasta nuestros días. Dios es uno y su pueblo el mismo a través de los milenios.

En la congregación a la que pertenezco, los pastores tuvieron que pedirles a las parejas de novios que por favor acomoden las fechas de los casamientos, de acuerdo con el calendario de actividades de la iglesia. (Ya que a veces se superponían de una a dos bodas en el término de un mes), y no alcanzaban las fechas para desarrollar todas las actividades del año.
Y después de la boda, la preciada noticia, la joven esposa está embarazada, y al poco tiempo otro bebé, al paso de unos poquitos años otro; y así en medio de la congregación, también de esta manera, se va completando el número de los redimidos. Recordando la promesa del Señor a su siervo Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra.

Mientras la sociedad se precipita irremediablemente hacia la destrucción de la familia, en medio de su pueblo Dios sigue "sacando de la miseria al pobre, y hace multiplicar las familias como rebaños de ovejas" (Salmos 107:41).

Hasta aquí a lo expuesto parecería quedarle muy bien un punto final. Pero el caso es que para no todas las familias es tan sencillo fructificar y multiplicarse. Aunque sí para todas son las promesas del Señor.

En medio de su pueblo, Dios tiene algunos matrimonios, con un propósito diferente al de concebir hijos propios; y este es el de adoptar en el seno de esa pequeña familia y por consiguiente en medio de la congregación, niños ya concebidos por otros.
Estos casos no son muchos, pero merecen una especial atención. Sólo los matrimonios imposibilitados de tener hijos saben lo que se sufre y cuantos temores y dudas se presentan ante una adopción.

Es curioso observar que en los matrimonios de la iglesia, aún más que en las parejas de afuera, existe un rechazo a pensar en adoptar niños, y por consecuencia llevarlo a cabo.

Puede ser que existan familias que no pueden tener hijos, y a los que Dios les haya hablado específicamente sobre quedarse así, esto no es común, pero si existe una palabra del Señor está bien.

Conozco preciosos matrimonios que no pudieron tener niños, pero tuvieron el privilegio de trabajar entre ellos, haciendo obras maravillosas, como también otros albergaron varios años en sus hogares, adolescentes y jóvenes con gravísimos problemas, ayudándoles así a encaminar sus vidas y remontar vuelo solitos en los caminos del Señor.
Volviendo a aquellas familias cerradas a la idea de adoptar, he observado diferentes casos. Están los matrimonios que aceptan la situación y se conforman con un eterno nidito de amor, sin pichones que rompan los esquemas y los planes ya estipulados. Después de todo, no tener niños es triste, pero si nos acostumbramos tiene sus ventajas, y de esta manera dejan pasar oportunidades de adopción.
Otros se cierran pensando que el Señor, tiene que darles ese hijo propio y claman a El con desesperación, recordándole sus promesas, dejando así pasar valiosísimos años y olvidando otras promesas como que: "Dios hace habitar en familia a los desamparados..." (Salmos 68:6).

"El hace habitar en familia a la estéril, que se goza en ser madre de hijos. Aleluya". (Salmos 113:9).

Algunas parejas tienen muchos prejuicios, y creen que no pueden formar parte de sus vidas alguien que no saben que herencia, vicios o enfermedades puede arrastrar. Por lo tanto tienen siempre el corazón cerrado a una adopción.

Hay quienes confían en la ciencia y tratan de averiguar el motivo de la esterilidad e intentando la concepción, pasan por innumerables, dolorosos, costosos y decepcionantes estudios e intervenciones. Haciendo que sus ilusiones se debiliten, y sumando así más frustraciones a sus corazones.

Cuando nos casamos pasamos a ser una sola carne; no importa de quien de los dos sea el problema de esterilidad, la pareja es estéril, pues somos uno.

Seguramente son más los motivos por los que un matrimonio de creyentes no piensa en adoptar un niño. Pero estos son los casos que se evidencian con mayor frecuencia.

Todas estas situaciones, la comodidad y el egoísmo, el clamar por años a Dios, los prejuicios y temores, el confiar en la ciencia el ansiado embarazo; es un poco en alguna medida lo que nos pasa a todos los que no podemos tener hijos propios.
Mi esposo y yo, no tuvimos hijos por 16 años, y también clamamos largo tiempo por ese embarazo y consultamos muchos médicos. Pero en ese tiempo Dios nos reveló dos cosas muy valiosas; la primera fue que mientras gastábamos nuestras energías procurando lo que El no nos daba, nos perdíamos de servir a Dios con todas nuestras fuerzas y todo nuestro corazón. Lo siguiente lo digo por mí solamente, muchas veces estaba en los cultos, delante de la presencia de Dios, y en lugar de alabarle y adorarle como El merecía; después de todo es con el único propósito para lo que fui creada; aprovechaba su presencia para seguirle recordando que yo no tenía un hijo. Evidentemente, no había entendido quien era mi Señor.
La segunda cosa, produjo en nosotros un gran quebranto, comenzó a ser una carga para nuestros corazones la cantidad de niñitos que existen, maltratados, desechados, aún muertos por quienes los tienen y no los quieren. Y aquí otra vez lo digo por mi, a pesar de todo seguía cerrada esperando poder concebir y dar a luz mi propio hijo.

Jesús dijo: "Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños." (Mateo 18:14).

Parafraseando la parábola de la oveja perdida; no habrá mayor regocijo en el cielo por ese pequeñito recogido en el seno de una familia cristiana, salvado del descarrío y del sufrimiento de un vivir sin Dios. Que por los noventa y nueve que nacieron en medio de la congregación y que jamás se van a descarriar. Sin olvidar que también dijo Jesús: "Y cualquiera que recibe en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe." (Mateo 18:5).
Matrimonios queridos, si están pasando una situación de esterilidad, que sea sólo del vientre, no permitan que sus corazones se vuelvan estériles. Son muchos los niños que sufren y necesitan de un hogar cristiano, hay muchos que aún tienen que unirse a las filas del Señor, y seguramente tu matrimonio puede ser un medio.

"Regocíjate, oh estéril, tu que no das a luz; prorrumpe en júbilo y clama, tú que no tienes dolores de parto..." (Gálatas 4:27).
El que estén abiertos y expectante por adoptar un niño, no significa que algún día no tengan los suyos propios.

Todos alguna vez escuchamos de algún matrimonio que al no poder tener hijos, adoptó un niño, y después tuvo los suyos propios; la gente suele decir: viste era sicológico. Yo prefiero creer que Dios recogió a un pequeñito más de las calles, y después quitó la esterilidad de esa pareja.
No permitan que el temor o los prejuicios te impidan vivir la maravillosa experiencia del milagro de la adopción.

A los 16 años de casados recibimos por adopción nuestro bebé, fue lo más grandioso que nos podría haber ocurrido, no fue diferente a un hijo del vientre, eso sí este no me produjo dolores de parto, porque nació del corazón. El más hermoso hijo que el Señor haya podido regalarnos, yo siempre digo, se tomó su tiempo, pero valió la pena.
Hoy es un niño maravilloso que ama a Dios, y que está agradecido por vivir en medio de una familia sencilla, pero del Señor, la mayor herencia que alguien puede recibir.
Antes de nuestro hijo intentamos otras adopciones y después de él también, las que por diferentes motivos que sería muy largo detallar, no se llegaron a efectuar, pero siempre tuvimos paz porque reconocemos a Dios como soberano de nuestras vidas.

Nuestros corazones siguen abiertos para recibir más niños. Pero lo importante es que el Señor sabe que estamos dispuestos a criar los hijos que el quiera para su gloria.
Un tiempo antes de que el Señor nos de nuestro bebé, entré a un negocio y la señora que salió para atenderme, era alguien que yo había conocido hacía varios años, cuando ella era todavía soltera. Nos alegramos al vernos, y después de contarnos algunas cosas, por supuesto salió el tema de los hijos, yo le expresé que todavía Dios no me había dado ninguno. Ella con gran entusiasmo, me dijo: -¿porqué no adoptás?, nosotros lo hicimos y estamos refelices, - corrió hacia la trastienda del negocio y volvió con una silla de ruedas, y en ella una niña de aproximadamente cinco años, al momento vino su esposo y ambos resplandecían de alegría, manifestándome lo agradecidos que estaban a Dios (ambos católicos) por la hija que les había dado. No recuerdo el nombre de la enfermedad, pero la silla en que estaba postrada, sostenía su tronco y su cabecita, para mantenerla incorporada, no hablaba, por supuesto usaba pañales y había que darle de comer en la boca, porque tampoco manejaba sus manos. Yo me quedé atónita, no pude felicitarlos por su niñita, porque sentí que hubiese sonado falso. Pero la madre como adivinando mi sentir... me dijo: - Estamos agradecidos a Dios, porque te imaginas lo que hubiera sido de ella, si no la adoptábamos.

Me volví a mi casa caminando, con un nudo en la garganta, un poco por la emoción de haber conocido el amor tan grande de esos padres, pero más por vergüenza delante de Dios, porque sentía su dedo golpeando mi hombro y su voz en el corazón diciéndome y vos, que estás haciendo.

Siempre nuestra esperanza debe estar en el Creador de todas las cosas, y El va a ser quién abra las puertas para recibir hijos del corazón, como abre la matriz para que se produzca la concepción.

No pidas hijos para deleite propio, sino para formar hombres y mujeres que glorifiquen a Dios con sus vidas.

Tal vez recibas un hijo o muchos, lo importante es que los cobijes en la familia sin egoísmos. No busques diferentes opiniones, porque van a desalentarte, busca a Dios con todas tus fuerzas y apóyate en el consejo de los pastores que están velando por ti.

Cuando ores al Señor, recuérdale que guarde y bendiga al hijo que te va a dar, que seguramente está creciendo en otro vientre, cobíjalo en tu corazón aunque todavía no lo conozcas.
Nuestro hijo es muy conversador, y hace un par de meses, se me acercó mientras cocinaba, y me dijo: - Mamá, ¿qué bueno fue Dios con nosotros, no?... - Le pregunté por qué me lo decía, y me respondió: - Porque El hizo que ustedes y yo nos encontremos, para formar una familia. - Y seguidamente agregó, - Y que buena la mujer que me tuvo en la panza, porque ella podría haberme tirado, pero en cambio buscó una familia que me ame.
Este es un ejemplo de las tantísimas satisfacciones, que un hijo del corazón te puede dar. Aunque tengas hijos propios, también el Señor puede poner en tu corazón el deseo de adoptar un niño, si el matrimonio está seguro que este sentimiento viene de Dios, no dejen de intentarlo; seguramente alguien está esperándote ya, o esté por ser concebido, para formar parte del Reino de Dios. Si ustedes no lo hacen, otros van a disfrutar de ese privilegio, pero con seguridad ese niño no se va a escurrir de la mano de Dios.

Llama la atención el hecho de que se ofrezca resistencia por parte de los creyentes, en ser padres adoptivos, cuando cada uno de nosotros por los méritos expiatorios de Cristo Jesús, pasamos a formar parte de la familia celestial, como hijos adoptivos.
Por el inmenso amor de Dios hemos sido adoptados por quien Jesús nos enseñó a llamar Padre Nuestro. Por la fe en Cristo, somos hijos adoptivos de Dios, esto no es sólo un título que el Señor nos da, sino que somos partícipes de su propia naturaleza y herederos de su Gloria.
Queridos hermanos, ésta en absoluto pretende ser una palabra de condenación, muy por el contrario, si vivís en el Espíritu, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús. Pero sí es una palabra de aliento, no sea que estés llamado a un trabajo tan alto y delicado, como es criar un niño en el camino de Dios, y te lo pierdas por temores infundados que te alejan de bendecir y ser bendecido.

Elaborado por: Raquel Milano

Tomado de: www.riosdevida.com
¡Les Bendigo!

sábado, 30 de octubre de 2010

HALLOWENN

¿QUE ES HALLOWEEN?
Todos festejan disfrazados de espantos y se busca de casa en casa dulces de regalo, mientras los niños disfrazados que lo hacen gritan “Trick or treat”. Esto sucede el 31 de Octubre y ese día nadie trabaja. Todos, o casi todos, festejan al mal y la muerte entre cuentos de horror, decorando sus casas con las famosas “Jack o’ Lantern” o “Linternas de Jack”, que son calabazas vaciadas con rostros tallados e iluminadas por dentro con una vela encendida.

Los niños de muchas partes del mundo esperan ansiosamente este día, pues se disfrazarán y les regalarán dulces.

¿Qué pensaría si le dijera que ésta fiesta tienen un verdadero origen maléfico, que existen sociedades ocultas que se benefician de que usted la celebre y que no es sino una trampa para su propia alma?

Con esto no pretendemos echarle a perder su fiesta, solo hacerle llegar el conocimiento de las cosas que muchas veces festejamos sin saber su propio origen.

Origen Histórico
Aproximadamente trescientos años antes del nacimiento de Cristo, los Celtas vivieron en las Islas Británicas, Escandinavia, y Europa Occidental. Eran una sociedad como cualquiera de las de hoy, pero sus usos y costumbres fueron controlados por una sociedad de sacerdotes paganos llamada los druidas.

Ellos adoraban y servían a Samhain, dios de la muerte. Cada año, el 31 de octubre, los druidas celebraban la víspera del año nuevo céltico en honor de su dios Samhain.

“Las raíces paganas de la celebración se atribuyen a la celebración celta de «Samhain» del culto a los muertos. Se trata de una tradición anterior a la invasión de los romanos (46 a.c.) en las Islas Británicas enmarcada en la religión de los druidas en Inglaterra, Francia, Alemania y en los países Célticos. Si bien se sabe poco de estas celebraciones, parece que las festividades del Samhain se celebraban muy posiblemente entre el 5 y el 7 de noviembre (a la mitad del equinoccio de verano y el solsticio de invierno) con una serie de festividades que duraban una semana, finalizando con la fiesta de «los muertos», que daban inicio al año nuevo celta. En esta fiesta, los druidas, a manera de médiums, se comunicaban con sus antepasados esperando ser guiados en esta vida hacia la inmortalidad. Los Druidas creían que en esa noche en particular los espíritus de los muertos regresaban a sus antiguos hogares para visitar a los vivos. Y si los vivos no proveían comida a estos espíritus malignos, toda clase de cosas terribles podrían ocurrirles. Si los espíritus malignos no recibían un festín (treat), entonces ellos harían travesuras malas a los vivos (trick).

Trick-Or-Treat, Treta o Trato
Los sacerdotes druidas iban de casa en casa exigiendo alimentos y en algunos casos niños y vírgenes para ofrenda a su dios Samhain en el festival de la muerte, si se los daban se hacía un trato (treat) y se iban en paz. Si la gente de la aldea no daba a los druidas el alimento o persona que exigían, se lanzaba una maldición sobre la casa entera y según ella, alguien de esa familia moriría ese año. Esa era la trampa o treta (trick).

Jack O Lantern
Los druidas llevaban con ellos un nabo grande, el cual habían ahuecado en el interior, con una cara tallada en el frente, para representar el espíritu demoniaco del que recibían su poder y conocimiento, mismo que se encargaría de ejecutar toda maldición e iluminar su camino. Este espíritu se llama “espíritu familiar”. El nabo, encendido por una vela dentro, era una linterna para los druidas por la noche. Ellos llamaron “Jock” al espíritu de la linterna.
Cuando estas prácticas llegaron a Norteamérica en los siglos 18 y 19, los colonizadores hallaron que los nabos no eran tan grandes, así que los substituyeron por calabazas. Desde entonces a esta figura tan representativa del Halloween se le llamó “Jock, el que vive en la linterna” y después vino a ser “Jack-O-Lantern” o Linterna de Jack.

EL SIGNIFICADO OCULTO
Halloween
La fiesta de Halloween, es decir “el festival de Samhain”, todavía es hoy celebrado oficialmente por los satanistas, ocultistas, y adoradores del diablo como la víspera del año nuevo de la brujería. El mismo Antón Lavey, autor de la “biblia satánica” y sacerdote alto de la iglesia de Satán, dice que hay tres días sumamente importantes para todo satanista y el día más importante de todos es HALLOWEEN. La iglesia satánica asume como suya esta fiesta.

Desde el 5 de septiembre hasta el 9 de noviembre la iglesia satánica cumple las siguientes celebraciones, que se mezclan y aplican a los festejos del halloween y día de muertos:

Ayunan para buscar la voluntad de Satanás.
Elección de sacerdotes confesores para escritos en el libro del “macho cabrío”.
Ritual para maldecir el cuerpo de Cristo.
Reunión para preparar el día del Samhain.
Reflexión, disciplina, ayunos y mantras.
Ritos tradicionales.
Confesión de los pecados contra Satanás.
Bendicen a los integrantes de los grupos musicales y de artistas satánicos.
Ordenan a los ministros del rock, músicos, “managers”, promotores, etc. involucrados en el satanismo.
Ritos bautismales, maldicen cualquier contacto que hayan tenido con cualquier cristiano, luego se bautizan con agua de alcantarilla, sangre de niños y de adultos sacrificados.

Octubre 31: Inscripción en el libro del macho cabrío, comienza para ellos el año satánico, se invoca el poder total de Belcebú, Nostradamus y otros demonios.

Noviembre 01: Se sella a los satanistas, a los espíritus de los muertos para sacarlos del purgatorio. Es decir, que entregan ofrendas, altares y recuerdos a los muertos para que sean altares para la invocación a los demonios.

Noviembre 02 al 09 Semana de las bodas a Satanás.
*Nota: Por cuestiones de prudencia, ya que no deseamos enfatizar el comportamiento de las sectas satánicas, no publicamos las fuentes ni las fechas completas de fiestas dedicadas al diablo.

El 31 de octubre, Halloween, es la víspera del Año Nuevo para la brujería. La enciclopedia del “Libro del mundo de lo oculto” dice que es el principio de todo lo “frío, oscuro y muerto". Cuando usted envía a sus pequeños niños hacia fuera para ir a hacer el “trick or treat”, a pedir “calaverita” o Halloween, usted realmente les está enviando a festejar todo lo frío, oscuro, y muerto, en el mismo contexto satánico y oculto. Según la enciclopedia de Collier, “el tema de la celebración de las fiestas modernas de Halloween, viene de las viejas festividades druidas y los festivales romanos en el honor de Pomona, diosa de la fruta, que fueron llevados de la Gran Bretaña durante la ocupación romana”.

¿Cómo entro esta fiesta a nuestros días?
Cuando Constantino se convirtió en emperador de Roma, dictó una ley que declaraba el Catolicismo como la religión oficial del estado. Constantino exigió como emperador que cada uno se hiciese católico o enfrentara la pena de la muerte.

“Alrededor del año 609 se transforma el Pantheon de templo pagano, dedicado a todos los dioses, a la iglesia cristiana, dedicada a la Virgen y a los mártires cristianos.”

“La tradición celta entró con mayor fuerza en el siglo VIII, cuando la iglesia romana estableció el 1 de noviembre como el Día de Todos los Santos, en inglés “All Saints Day” y anteriormente “All Hallows Day”, de donde deriva posteriormente la palabra Halloween que proviene de “All Hallows Eve” que significa precisamente, “Noche de Todos los Santos”. Sin embargo, esta tradición europea se difundió más por todo el mundo a través de Estados Unidos, con el desarrollo tecnológico”

“Desde el siglo IV la Iglesia de Siria consagraba un día a festejar a «Todos los Mártires». Tres siglos más tarde, el papa Bonifacio IV (615) transformó un templo romano dedicado a todos los dioses (panteón) en un templo cristiano dedicándolo a «Todos los Santos», a todos aquellos que nos habían precedido en la fe. La fiesta en honor de Todos los Santos, inicialmente se celebraba el 13 de mayo; fue traspasada por el Papa Gregorio III (741) al 1 de noviembre, día de la «Dedicación» de la Capilla de Todos los Santos en la Basílica de San Pedro en Roma. Más tarde, en el año 840, el Papa Gregorio IV ordenó que la fiesta de «Todos los Santos» se celebrara universalmente. Como fiesta mayor tuvo su «vigilia» solemne (31 de octubre). Esta vigilia fue llamada por los ingleses «All Hallow’s Even» (Vigilia de Todos los Santos). Aquí encuentra su origen el término «Halloween». Por otro lado ya desde el año 998, san Odilón, abad del monasterio de Cluny (en el sur de Francia) había añadido la celebración del 2 de noviembre, como una fiesta para orar por las almas de los fieles que habían fallecido, por lo que fue llamada fiesta de los «Fieles Difuntos» la cual se difundió en Francia y luego en toda Europa.”

Las iglesias fueron inundadas con los paganos no convertidos, eran paganos forzados a integrarse a la iglesia católica o perder sus vidas por desafiar al emperador. Los recién agregados traían todas sus prácticas e ideas paganas a la iglesia incluyendo “el festival de Samhain” y exigieron que este festival siguiera siendo parte de sus vidas.

Puesto que la iglesia había fracasado en eliminar las prácticas paganas de la gente, decidió usar “a su modo” algunas de ellas, especialmente este ritual del 31 de octubre. En el siglo IX, el papa instituyó un nuevo día para ser celebrado por la iglesia el 1 de noviembre, llamándolo “día de todos los Santos” (All Hallows Day). Este día celebra a todos los mártires y santos de la iglesia católica y el 31 de octubre se convirtió en su víspera. Ahora la gente podría tener su festival el 31 de octubre, porque el 1 de noviembre era un día “santo”.

La cultura popular llamó a la celebración el “All Hallomas” y con el paso del tiempo a la tarde anterior al 1 de noviembre se le conoció como “All Hallomas Eve”, evolucionando poco a poco como “All Hallow’s Eve”, “All Hallowed Eve”, “All Hallow E’en”(evening), y finalmente Halloween.

Pero nada cambió. La observancia pagana continuó el 31 de octubre, y el día de fiesta “cristiano” fue observado el 1 de noviembre. La gente no celebró sus ritos y adoración paganos a los demonios para esta “nueva víspera” establecida por la iglesia.

El ser humano por “naturaleza” es fiestero, siempre hay un motivo para reunirse con los amigos, platicar con la familia, comer botanitas y dulces en grandes cantidades, a veces perder el tiempo a lo loco, y en casi todos los casos gastar dinero.

Podría ver la cara de algunos que leen esto, y seguramente junto con esa cara hay un comentario como “no, a mi no me gusta gastar, digo, si hago fiestas, de vez en cuando, pero trato de ahorrar lo más posible”. Bien, pero si nos sentamos a pensar en lo que una familia gasta en ciertas fiestas del año nos daremos cuenta de que con toda sinceridad no es más que dinero desperdiciado.

Ciertamente cada cultura es diferente, talvez en algunos países se realicen menos fiestas que en otros, pero hablemos más en concreto de Latinoamérica, de las costumbres y de las lindas tradiciones que nos han sido impuestas a través de los años. No estoy en contra de la diversión y de la convivencia familiar, pero desgraciadamente en la mayoría de fiestas esto es lo que menos se percibe, convivencia. Hay en México una gran cantidad de celebraciones, empezando el año con el día de reyes, un mes después pasamos por el día del amor y la amistad… luego seguimos por el día de la primavera, el día del niño, el día de las mamás, el del maestro, el fin de ciclo escolar, las vacaciones, el regreso a la escuela, “el día del grito”, el descubrimiento de América, Halloween, Día de muertos… y así a hasta finalizar el año con las fiestas decembrinas, y esto sin contar lo que en cada país o región se incluya, como días especiales de la patria, santos, vírgenes, objetos y animales, y de esta forma “aprovechar” el día (o el “puente”) para ver televisión, levantarse tarde o más aún, organizar una fiestecita. Lo malo es que después la preocupación de las deudas y los gastos nos tienen tan preocupados que hasta pueden ser motivo de separación familiar.

Pero que dice la biblia? Quiza usted diga: ya vas a empezar a hablar de religión, no, no vamos a hablar de religión, si quisiera hablarte de religión entonces trataria de imponerte mis ideas o buscar la manera de convecerte, ese papel no me corresponde, eso se lo dejamos a Dios, al cual muchos de nosotros hemos olvidado y solo le invocamos cuando hay un terremoto o sufrimos una desgracia ahí es cuando decimos: porque Dios mio?? Porque a mi? Pero cuando todo va super en nuestra vida ni siquiera nos acordamos de que existe y cuando lo hacemos solo tratamos de acallar nuestras conciencias y asi tratar de estar bien con el.

Bueno, esto es lo que la biblia dice:
“No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego (es decir que lo lleva ante brujos, curanderos, espiritistas y mediums), ni quien practique adivinación, ni agorero (quien predice el futuro), ni sortílego (que hace pactos o juramentos pecaminosos), ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago (magia blanca o negra), ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación (blasfemia) para con Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti". Deuteronomio 18:10-12.

¿Por qué Dios no permite consultar a los muertos, ni a los adivinos, hechiceros e incluso los horóscopos? El apóstol San Pablo escribió:

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.” Gálatas 5:19-21.

Dios es contundente en ello, nadie que practique este tipo de cosas podrá entrar a su presencia, asi, pues ahora que tu y yo tenemos el conocimiento sobre la verdad de esta practica y fiesta llamada halloween lo unico que me queda agregar es:

1. Analiza tu vida.
2. Analiza lo que tus ojos ven y lo que haces.
3. Busquemos a Dios.

Dios es dios de vivos no de muertos, recuerda que Dios nos ama y las cosas que la biblia dice tienen un porque y para que, no estan solamente para fastidiar tu vida o la mia, sino para que vivamos una vida entera y completa cerca de Dios.

Tomado de: http://www.avanzapormas.com/

¡Les Bendigo!

lunes, 27 de septiembre de 2010

YO SOY EL QUE SOY‏

Cuando, las horas de desaliento te invadan el alma, y las lágrimas afloren en tus ojos. Búscame: YO SOY aquel que sabe consolarte y pronto detiene tus lágrimas.

Cuando desaparezca tu ánimo para luchar en las dificultades de la vida, o sientas que estas pronto a desfallecer. Llámame: YO SOY la fuerza capaz de remover las piedras de tu camino y sobreponerte a las adversidades del mundo.

Cuando, sin clemencia te encuentres, y no encuentres donde reclinar tu cabeza. Corre junto a mí: YO SOY el refugio, en cuyo seno encontrarás amparo para tu cuerpo, y tranquilidad para tu espíritu.

Cuando te falte la calma, en momentos de gran aflicción, y te consideres incapaz de conservar la serenidad de espíritu. Invócame: YO SOY la paciencia que te ayudará a vencer las dificultades más dolorosas y triunfar en las situaciones más difíciles.

Cuando te debatas en los misterios de la vida y tengas el alma golpeada por los obstáculos del camino. Grita por mí: YO SOY el bálsamo que cicatrizará tus heridas y aliviara tus padecimientos.

Cuando el mundo sólo te haga falsas promesas y creas que ya nadie puede inspirarte confianza. Ven a mí: YO SOY la sinceridad, que sabe corresponder a la franqueza de tus actitudes y a la nobleza de tus ideas.

Cuando la tristeza o la melancolía intenten albergarse en tu corazón. Clama por mí: YO SOY la alegría que te infunde un aliento nuevo y te hará conocer los encantos de tu mundo interior.

Cuando, uno a uno, se destruyan tus ideales más bellos y te sientas desesperado. Apela a mí: YO SOY la esperanza que te robustece la Fe.

Cuando la impiedad te revele las faltas y la dureza del corazón humano. Aclámame: YO SOY el perdón, que te levanta el ánimo y promueve la rehabilitación de tu alma.

Cuando dudes de todo, hasta de tus propias convicciones, y el escepticismo te aborde el alma. Recurre a mí: YO SOY la fe que te inunda de luz y de entendimiento para que alcances la felicidad.

Cuando ya nadie te tienda una mano tierna y sincera y te desilusiones de los sentimientos de tus semejantes. Aproxímate a mí: YO SOY la renuncia que te enseñará a entender la ingratitud de los hombres y la incomprensión del mundo.

YO SOY la dinámica de la vida y la armonía del mundo.

YO SOY el remedio para todos los males que atormentan tu espíritu.

YO SOY JESÚS

Juan 6:35
“Y Jesús les dijo: Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca tendrá hambre; y el que cree en mí, nunca tendrá sed”.

Juan 6:51
“Yo soy ese pan vivo que ha bajado del cielo; el que come de este pan, vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi propia carne. Lo daré por la vida del mundo”.

Juan 8:12
“Jesús se dirigió otra vez a la gente, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, tendrá la luz que le da vida, y nunca andará en la oscuridad”.

Juan 10:7
“Jesús volvió a decirles: Esto les aseguro: Yo soy la puerta por donde pasan las ovejas”.

Juan 10:9
“Jesús volvió a decirles: Esto les aseguro: Yo soy la puerta por donde pasan las ovejas”.

Juan 11:25
“Jesús le dijo entonces: Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá”.

Juan 12:46
“Yo, que soy la luz, he venido al mundo para que los que creen en mí no se queden en la oscuridad”.

Juan 14:6
“Jesús le contestó: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre”.
¡Les Bendigo!

martes, 21 de septiembre de 2010

LOS OJOS Y EL CAMINO‏

Nuestra capacidad para caminar, montar bicicleta o motocicleta, manejar un automóvil, una embarcación o una aeronave, depende en buena parte de la capacidad de nuestros ojos para ver por dónde vamos y leer los instrumentos. Si uno mira hacia un camino secundario, un camino peligroso, una ruta con tormenta o un camino rodeado de amenazas y decide dirigirse hacia allá, pues sin lugar a dudas, iremos hacia ese destino.

En el campo espiritual el asunto en más complicado porque hay caminos que perecen muy seguros y agradables pero que conducen a destinos terribles. Entonces, nuestro destino en la vida está determinado por la capacidad de nuestros ojos espirituales para ver y “discernir” el camino que debemos tomar. Cuando los ojos espirituales no funcionan, o están enfocados en los caminos incorrectos o en los valores materiales del mundo, nuestra capacidad para lograr nuestro verdadero destino se ve perjudicada grandemente.

Jesús nos alerta para que no permitamos que nuestros ojos físicos nos hagan pecar y nos dice que los ojos son la lámpara que le da luz al cuerpo, son como la linterna que nos permite ver claramente el buen camino en un mundo de oscuridad. Estos son ojos “espirituales”. También nos dice que nuestras propias faltas nublan nuestra visión espiritual y pueden llegar a dejarnos como ciegos espirituales, al no poder contar con la luz de nuestros ojos espirituales.

Todo buen navegante, independientemente de la buena visión que tenga lleva en el viaje buenos mapas e instrumentos para guiarse. Nuestro Padre celestial nos ha dejado todos los mapas e instrumentos de navegación en Su palabra. ¡Búscala! ¡Úsala! La luz de tus ojos espirituales te permitirá ver el mapa, comprenderlo y tomar el buen camino.

Mateo 5:29
“Así pues, si tu ojo derecho te hace caer en pecado, sácatelo y échalo lejos de ti; es mejor que pierdas una sola parte de tu cuerpo, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno”.

Mateo 6:22-23
"Los ojos son la lámpara del cuerpo; así que, si tus ojos son buenos, todo tu cuerpo tendrá luz; pero si tus ojos son malos, todo tu cuerpo estará en oscuridad. Y si la luz que hay en ti resulta ser oscuridad, ¡qué negra será la oscuridad misma!”.

Mateo 7:35
“¿Por qué te pones a mirar la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no te fijas en el tronco que tú tienes en el tuyo? Y si tú tienes un tronco en tu propio ojo, ¿cómo puedes decirle a tu hermano: Déjame sacarte la astilla que tienes en el ojo? ¡Hipócrita!, saca primero el tronco de tu propio ojo, y así podrás ver bien para sacar la astilla que tiene tu hermano en el suyo”.

Mateo 13:15-16
“Pues la mente de este pueblo está entorpecida, tienen tapados los oídos y han cerrado sus ojos, para no ver ni oír, para no entender ni volverse a mí, para que yo no los sane. Pero dichosos ustedes, porque tienen ojos que ven y oídos que oyen”.

Mateo 18:9
“Y si tu ojo te hace caer en pecado, sácatelo y échalo lejos de ti; es mejor que entres en la vida con un solo ojo, y no que con tus dos ojos seas arrojado al fuego del infierno”.

Marcos 8:17-18
“Jesús se dio cuenta, y les dijo: ¿Por qué dicen que no tienen pan? ¿Todavía no entienden ni se dan cuenta? ¿Tienen tan cerrado el entendimiento? ¿Tienen ojos y no ven, y oídos y no oyen? ¿No se acuerdan?”

Lucas 24:30-32
“Cuando ya estaban sentados a la mesa, tomó en sus manos el pan, y habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio. En ese momento se les abrieron los ojos y reconocieron a Jesús; pero él desapareció. Y se dijeron el uno al otro: ¿No es verdad que el corazón nos ardía en el pecho cuando nos venía hablando por el camino y nos explicaba las Escrituras?”

Tomado de: http://siguiendoajesus.org
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lunes, 20 de septiembre de 2010

CUIDAR A LA PAREJA ES CUIDARSE A SI MISMO‏

La Biblia nos enseña que cuando un hombre y una mujer se unen en pareja, llegan a ser una sola persona en lugar de dos personas. O sea, que ya no son dos sino uno solo. Por lo tanto, cuando maltratamos a nuestra pareja nos estamos maltratando a nosotros mismos. Quizá es por eso que nos afecta tanto. Es como maltratar una parte de nuestro propio cuerpo. Solo que no es una parte nuestra desde el punto de vista físico sino espiritual.

Es obvio que cuando nos unimos en pareja, nuestros cuerpos se mantienen independientes el uno del otro. Entonces ¿A qué se refiere la Biblia? La Biblia se refiere a la unión espiritual que se produce entre el hombre y la mujer cuando se unen en pareja, sus almas se entrelazan y sus espíritus se tocan. Todo maltrato físico, verbal o emocional y todo rechazo o indiferencia, hacia nuestra pareja se devuelve como un búmeran y nos golpea a nosotros igual que a nuestra pareja.

Por eso es que nos sentimos tan mal y somos tan infelices, cuando no estamos bien con nuestra pareja. Pero, cuando estamos bien con nuestra pareja, todo parece tener sentido, coherencia y equilibrio. Nos sentimos bien y estamos felices. Ese es el plan de Dios. El Señor dijo: No es bueno que el hombre esté solo. Le voy a hacer alguien que sea una ayuda adecuada para él. Entonces Dios el Señor hizo caer al hombre en un sueño profundo y, mientras dormía, le sacó una de las costillas y le cerró otra vez la carne. De esa costilla Dios el Señor hizo una mujer, y se la presentó al hombre, el cual, al verla, dijo: ¡Esta sí que es de mi propia carne y de mis propios huesos! Se va a llamar: mujer, porque Dios la sacó del hombre. Por eso el hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su esposa, y los dos llegan a ser como una sola persona.

Génesis 2:24
“Por eso el hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su esposa, y los dos llegan a ser como una sola persona”.

Mateo 19:5
“Y dijo: Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su esposa, y los dos serán como una sola persona”.

Marcos 10:7-8
“Y los dos serán como una sola persona. Así que ya no son dos, sino uno solo”.

1 Corintios 6:16
“¿No saben ustedes que cuando un hombre se une con una prostituta, se hacen los dos un solo cuerpo? Pues la Escritura dice: Los dos serán como una sola persona”.

Efesios 5:31
“Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su esposa, y los dos serán como una sola persona”.

Hebreos 13:4
“Que todos respeten el matrimonio y mantengan la pureza de sus relaciones matrimoniales; porque Dios juzgará a los que cometen inmoralidades sexuales y a los que cometen adulterio”.

Tomado de: http://siguiendoajesus.org
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lunes, 16 de agosto de 2010

EL DIEZMO ES PROPIEDAD SAGRADA

“Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová”. Levíticos 27:30

“Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa”. Malaquías 3:10

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello”. Mateo 23:23

Diezmar es devolver el 10% de todos nuestros ingresos a Dios y pareciera ser lo mínimo que Dios nos llama a hacer. Sin embargo, la Biblia nos permite entrever qué es lo que el diezmo significa para Dios, y cómo nosotros debiéramos entenderlo. Una vez que tengamos en claro qué es lo que el diezmo representa y cómo lo Dios lo ve entonces no tendremos más dudas, demoras o miedo de entregar nuestro diezmo y lo haremos con alegría.

El primer punto a considerar con respecto al diezmo es el de que no se trata de que le demos de nuestro dinero a Dios, sino más bien de que le devolvamos lo que le pertenece.

El diezmo es una devolución de aquello que no es nuestro a su legítimo dueño. Ya hemos visto que todo el dinero del mundo pertenece a Dios, y que somos simplemente mayordomos de aquello que Él ha puesto en nuestras manos.

Al diezmar sobre la totalidad de nuestros ingresos, reconocemos entonces que todo lo pertenece a él por ello le devolvemos el diezmo de lo que no nos corresponde.

El segundo punto a considerar en este asunto es el de que el diezmo es de gran valor y muy especial a su vista de manera tal que él se agrada profundamente cada vez que se lo devolvemos.

El diezmo debiera ser algo que apartamos pues lo vemos como santo, especial y precioso por lo que debiéramos ser cuidadosos de devolverlo siendo que el acto de diezmar es de gran valor a la vista de Dios.

Levíticos 27:30 dice, “un diezmo de todo lo que produce la tierra, ya sea el grano del suelo o los frutos de los árboles, pertenecen al Señor y es Santo para el Señor” note cómo el Señor mismo declara que el diezmo le pertenece y que es santo por lo que debiera ser apartado para Él.

Muchos padres tienen por costumbre separar una cantidad de dinero para comprar los regalos navideños y para el cumpleaños de sus hijos, ellos ven este dinero como un fondo especial pues ha sido designado para agasajar a aquellos que aman y proveerles algo de valor.

De la misma manera debiéramos ser diligentes y aun más en apartar nuestros diezmos para el Señor y percibir este dinero como sagrado y santo para Dios.

Dios está profundamente interesado en nuestros diezmos no porque necesite nuestros bienes, sino porque él se deleita en nuestra obediencia. Por medio de la devolución de los diezmos, Dios nos da el privilegio de traerle un precioso y especial regalo que es el regalo de nuestra obediencia por una parte, y por otra debiéramos ver el diezmo como aquello que pertenece a Dios.

Entonces y en vista a lo anteriormente visto, ¿qué implica el retener el diezmo que debiera ser apartado para Dios? Pues bien, la verdad es que si no diezmamos estamos reteniendo algo que es de gran valor a la vista de Dios y que le pertenece. Al disponer de bienes que no nos corresponden robamos a Dios propiedad que legítimamente le pertenece.

Esta verdad dramática es la que Dios mismo expresa con vehemencia en Malaquías 3:8 “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis ¿en qué te hemos robado? – en diezmos y ofrendas. Malditos sois, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado”.

Es evidente que no puedes robarle a alguien algo a menos que le pertenezca. Cuando Dios dice que le hemos robado diezmos es simplemente porque estábamos reteniendo lo que le pertenecía a Dios.

Las implicancias de robarle a Dios son demasiado serias como para poder alcanzar a comprenderlas en su totalidad, sin embargo te invito a considerar los siguientes posibles escenarios. Tal vez estas entre aquellos que han sido cristianos toda su vida, entre los que conocen y aman a Dios.

Sin embargo no has estado diezmando, lo que implica que has estado robándole semanalmente durante años a ese Dios que amas.

Tal vez has asistido fielmente a la iglesia cada semana y tu pastor te ha estado instruyendo en la Palabra de Dios y sin embargo nunca te enseñó acerca de la importancia del diezmo. Esto significa que has estado invirtiendo tu tiempo, tu dinero, y tu gasolina para ir a escuchar a alguien que te instruya cómo desarrollar una relación más profunda con Dios y sin embargo él, semana tras semana también le ha estado robando a Dios.

A la luz de lo explicado anteriormente, ¿cómo entonces debes percibir el diezmo? Si lo anteriormente expuesto es correcto, entonces veremos nuestros diezmos como algo precioso, especial, santo, y apartado para Dios, y sabremos que cada vez que diezmamos ponemos frente a Dios algo de gran valor a sus ojos.

Debiéramos tomar el compromiso regular de devolverle a Dios los diezmos, de tratar con seriedad este asunto y apartar diligentemente y de manera exacta lo que pertenece a Dios.

El diezmo es la propiedad de Dios y es de gran estima a los ojos de Dios. Dios nos ha dejado saber en Malaquías 3:10 que quienes no diezman roban a Dios, y a menos que quieras ser llamado ladrón en el día del Juicio final es tu deber devolver los diezmos.

Tomado de: www.worldchristians.org
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