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sábado, 21 de marzo de 2009

GUARDA TU CORAZÓN DE
LA AMARGURA

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida”.
Proverbios 4:23.

La amargura aprovecha los momentos de dolor para introducirse y arraigarse en el corazón. Los momentos más difíciles son los más propicios para que la raíz de amargura encuentre la grieta para hacer su nido y echar sus raíces. Alguien dijo, es mejor prevenir que lamentar. Es mejor prevenir que buscar la medicina para curar la herida. Es así con la amargura, es mejor cuidar el corazón para no permitirle que entre.

¿De que me tengo que cuidar? Veamos algunas situaciones que la amargura aprovecha para anidarse en el corazón.

1. Relaciones humanas difíciles. Las relaciones humanas no son fáciles de llevar. Mucho menos cuando hay diferencias culturales o de hábitos. Esto se da con frecuencia en las familias, y es precisamente lo que sucedió con las nueras de Rebeca.

"Y cuando Esaú era de cuarenta años, tomó por mujer a Judit hija de Beeri heteo, y a Basemat hija de Elón heteo; y fueron amargura de espíritu para Isaac y para Rebeca". Génesis 2:34-35

Judit y Basemat fueron las protagonistas para que en el corazón de Isaac y Rebeca se formaran raíces de amargura. Las relaciones entre las personas frecuentemente no son tan fáciles de llevar. La cultura, los hábitos, la educación, la forma de pensar forman abismos, divisiones, pleitos, que al final se transforman en raíces de amargura.

"Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión. No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres". Romanos 12:16-18

Debemos de buscar la paz con las personas. Cuando estamos en paz con los demás, el corazón es guardado para no permitir que la amargura entre y se arraigue en el corazón. Estar en paz se hace sencillo cuando aprendemos a amar. La Biblia nos enseña que el amor cubre multitud de pecados, así que cualquier situación puede ser solventada cuando buscamos el bien y no el mal de las personas con las que tengamos conflictos.

2. La falta de contentamiento. La insatisfacción o la falta de contentamiento crean grietas para que la amargura encuentre el espacio necesario para arraigarse en el corazón.

"Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo de Jehová, ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente" . 1 Samuel 1:9-10

Ana deseaba un hijo, veía como la otra mujer de su esposo se burlaba de ella, la competencia no era leal, estaba en desventaja, esto causó un profundo descontento y frustración, hasta que su lloro y lamento era con amargura.

La Biblia nos aconseja:

"Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré". Hebreos 13:5.

La promesa de Dios es clara para los que saben estar contentos con lo que tienen, no te desampararé, ni te dejaré, Ana debería haber luchado por el milagro de ser madre, de tener un hijo, cuidando de estar contenta, de tal forma que no hubiera la posibilidad de permitir que la amargura se introdujera a su corazón.

El apóstol Pablo comenta que él aprendió a estar contento en medio de la escasez o de la abundancia. El gozo, la alegría, el contentamiento, no depende de lo que tenemos sino de lo que somos. El tener es una satisfacción parcial del alma, lo importante es entender que somos hijos de Dios, que tenemos un Padre tierno y amoroso que no nos desampara, ni nos deja.

3. Situaciones de gravedad en todos sentidos. Tanto las pérdidas familiares como el dolor de los fracasos familiares o la enfermedad, son momentos donde el dolor es la puerta para que la amargura entre al corazón.

El gran siervo Job había perdido a sus hijos, sus bienes materiales, además estaba enfermo de lepra (una enfermedad incurable para aquel tiempo). Así que ante una situación tan triste, declaró:

“Hoy también hablaré con amargura; Porque es más grave mi llaga que mi gemido”. Job 23:2.

Noemí perdió a su esposo y a sus hijos, había dejado su casa para buscar una mejor oportunidad, sin embargo, sus ilusiones de prosperidad se cambiaron por el dolor de perder a su familia y quedar en la derrota financiera. En medio del dolor, Noemí decía:

“No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara; porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso”. Ruth 1:20.

Noemí significa placentera, Mara significa amargura. Ella había salido con las manos llenas, una familia, economía, salud, alegría, pero ahora regresaba con las manos vacías y sin familia. El dolor produce heridas en el corazón que son como el barbecho en la tierra para que se siembren las raíces de amargura.

Jeremías declaró cuando el pueblo estaba en calamidad:

“No lloréis al muerto, ni de él os condoláis; llorad amargamente por el que se va, porque no volverá jamás, ni verá la tierra donde nació”. Jeremías 22:10.

La pérdida de lo más importante en la vida deja un vacío en el corazón que solo Dios puede llenar con su amor.

¿Cómo podemos cuidar nuestro corazón cuando estamos en aflicción?

"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios". 2 Corintios 1:3-4.

Tenemos un Dios que como Padre amoroso nos consuela en medio de la tribulación. En medio de las aflicciones debemos aprender paciencia y saber esperar en el consuelo que Dios nos trae. La Biblia dice que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28). Esta es una verdadera esperanza, pues de cada situación difícil aprenderemos una lección muy importante que nos hará mejores personas e hijos de Dios.

Recordemos que todo, absolutamente todo lo que nos suceda es para bien. Al final de la historia, Job es bendecido por Dios y le entrega multiplicado lo que había perdido. Al final, Noemí es bendecida, además de ser el medio para que del vientre de su nuera Ruth viniera el rey David y de su descendencia Jesucristo, el Hijo de Dios!

¡En medio de la aflicción, aprendamos a esperar en Dios!

4. Desesperanza en medio de la crisis. ¿Quién no tiene crisis en la vida? La vida es una aventura de todos los días, frecuentemente nos enfrentamos a situaciones que disparan nuestras emociones, nos exaltamos o nos deprimimos, gritamos o nos callamos, cuando estas crisis no se manejan adecuadamente, producen heridas que son aprovechadas por la amargura para anidarse en el corazón.

“Y David se angustió mucho, porque el pueblo hablaba de apedrearlo, pues todo el pueblo estaba en amargura de alma, cada uno por sus hijos y por sus hijas; mas David se fortaleció en Jehová su Dios”. 1 Samuel 30:6.

David regresa de la guerra y se encuentra con un panorama desolador. El enemigo había entrado a su campamento y había quemado a fuego las casas y se había llevado a las mujeres e hijos. Sus hombres experimentan el dolor y la derrota. Las emociones dañadas motivan a buscar culpables y un espíritu de venganza se hace presente.

“Todo el pueblo estaba en amargura de alma”, las crisis son la puerta a la amargura, por eso, las peores decisiones que podemos tomar en la vida, son las decisiones que se toman en tiempo de crisis.

“¡Más David se fortaleció en Jehová su Dios!”. David supo manejar la crisis, se fortaleció en Dios. En medio de la adversidad lo mejor es acudir a Dios. ¿Recuerda cuando los discípulos estaban en la barca en medio de una tormenta? ¡Ellos corrieron a Jesús! Este es el mejor camino, en medio de un mar de adversidad, Jesús estará atento para darnos la mano y llevarnos a tierra firme.

La palabra “fortalecer” indica ser fuerte, estar firme, ser sólido, estar sostenido. David se sostuvo en Dios, fue firme ante las circunstancias adversas. Su propia gente se volvió contra él, lo querían matar, la situación no era sencilla, sin embargo, David no se amedrentó ante una situación tan severa, sino fue fuerte, no en sus propias fuerzas, sino en las fuerzas de Dios.

5. Vejación, esclavitud, abuso. He visto personas que desde que nacen han llevado una vida de vejación, de esclavitud y abuso. Padres que abusan físicamente, mentalmente y hasta sexualmente, abuso físico en las calles a través de la violencia, maltrato psicológico, abren las puertas a las raíces de amargura.

El pueblo hebreo había llegado a Egipto para preservar su existencia, a través de José, el pueblo egipcio les había dado un buen trato. Ellos se multiplicaron de una manera extraordinaria causando temor en los egipcios y los hicieron sus esclavos.

“Y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y ladrillo, y en toda labor del campo y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigor”. Éxodo 1:14.

Sucede igual con las personas que son obligadas a hacer cosas que no desean hacer. Aunque es una esclavitud diferente, al final, es lo mismo, vejación.

“Y se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que estaba endeudado, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y fue hecho jefe de ellos; y tuvo consigo como cuatrocientos hombres”. 1 Samuel 22:2.

La historia se repite una y otra vez. Cuatrocientos hombres “muy especiales” salieron a buscar a David en el desierto. Estos hombres se encontraban en amargura de espíritu, la aflicción, las deudas, el trabajo duro, había abierto brecha para que las raíces de amargura se instalaran en sus corazones.

¿Cómo guardar el corazón cuando se es víctima de un abuso? Hay cosas que suceden sin el consentimiento de la persona. ¡El único camino es el perdón!

Hay tres cosas que debemos hacer. En primer lugar, no busquemos venganza, la Biblia dice: “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres”. Romanos 12:17. No debemos tomar la venganza en nuestra mano, Dios es nuestro juez y nuestra justicia.

En segundo lugar, debemos actuar con misericordia y soltar el perdón.

“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”. Efesios 4:31-32.

En tercer lugar, esperemos en Dios no en los demás. Cuando somos heridos, normalmente esperamos, como victimas, que el agresor regrese a pedir perdón y a restituir, cuando ése momento no llega, viene frustración y deseos de venganza. ¡Dejemos las cosas en las manos de Dios y no esperemos nada del agresor!

Normalmente esperamos ser restituidos del daño que nos causaron, nunca nos dieron amor, esperamos amor; nos deben dinero, esperamos que nos paguen; fuimos agredidos, esperamos que nos pidan perdón. ¡No esperemos la restitución del agresor! Dios sabe como sanar nuestras heridas y restituirnos lo que otros nos quitaron.

En cuarto lugar, soltemos el perdón, pidamos a Dios que selle la herida y que nos ayude a olvidar las situaciones de dolor. Esforcémonos a olvidar el pasado y enfocarnos al futuro, veamos a los agresores como gente necesitada de Dios, con compasión y misericordia, pidamos el bien de Dios para ellos.

6. Indignación e impotencia a causa de la maldad. He estado en situaciones donde las personas expresan su maldad y me he sentido impotente por el injusto proceder hacia mi mismo o hacia otras personas.

“Le causaron amargura, le asaetearon, y le aborrecieron los arqueros”. Génesis 49:23.

Vemos como la Biblia habla de José, sus propios hermanos le agredieron e hicieron injusticia con él. “¡Le causaron amargura!” Así como José, nosotros también nos sentimos impotentes cuando usan maldad en nuestra contra sin podernos defender.

"Escucha, oh Dios, la voz de mi queja; Guarda mi vida del temor del enemigo. Escóndeme del consejo secreto de los malignos, de la conspiración de los que hacen iniquidad, Que afilan como espada su lengua; Lanzan cual saeta suya, palabra amarga, Para asaetear a escondidas al íntegro; De repente lo asaetean, y no temen”. Salmos 64:1-4

Esta era la queja del rey David, y es la queja de las personas que son victimas de la maldad de otras personas que no se miden para producir maldad hablando mentiras, chismes, palabras amargas, conspiración, todo esto es como un látigo que golpea en el corazón provocando amargura.

“Se llenó de amargura mi alma, y en mi corazón sentía punzadas. Tan torpe era yo, que no entendía; Era como una bestia delante de ti”. Salmos 73:21-22
Podemos ver en esta experiencia de David como la maldad causa un dolor agudo y profundo, la impotencia, frustración, crea “punzadas” como una espada que traspasa el corazón. David reconoce que la amargura le creó torpeza y falta de entendimiento, incluso, se ve actuando como un animal.

¿Qué podemos hacer en estos casos?
La respuesta la tenemos en el mismo salmo que David declara:

“Escucha, oh Dios, la voz de mi queja; Guarda mi vida del temor del enemigo. Escóndeme del consejo secreto de los malignos, de la conspiración de los que hacen iniquidad”. Salmos 64:1-2

En primer lugar, David se queja con Dios. David no corre con el vecino, o con el consejero, con la autoridad, sino con Dios.

En segundo lugar, David le pide a Dios que guarde su vida del temor del enemigo. Cuando hay maldad, nuestro corazón se llena de temor, esto produce desconfianza y falta de fe. Si Dios nos guarda del temor, la fe nos llevará a una dependencia de Dios, esperando que su poderoso brazo se mueva a nuestro favor.

En tercer lugar, pide que le “esconda” de lo que los malignos traman en su contra. La Biblia dice que “vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3:3). Esto quiere decir que en medio de la maldad, Dios nos guarda y nos protege para que no seamos dañados.

Nuestra naturaleza humana es sensible al temor cuando nos sentimos atacados, sin embargo, recordemos que la fe nos hace enfrentar todo problema, tribulación y aflicción, nuestra dependencia de Dios nos trae seguridad.

7. Tristeza por la conducta incorrecta y los pecados de un hijo. Los hijos suelen ser de gran bendición para los padres, sin embargo, algunas veces, vemos hijos ingratos que abusan del amor de los padres, esto causa amargura al corazón.

“El hijo necio es pesadumbre de su padre, y amargura a la que lo dio a luz”. Proverbios 17:25.

Cuando el hijo no escucha el consejo del padre y desecha la instrucción, viene la frustración e impotencia, que al final son las puertas a la amargura.
¿Cómo podemos guardar el corazón?

“Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor”. Efesios 6:1-4

El consejo es sencillo, los hijos deben de someterse y obedecer a sus padres, honrarlos y estar bajo su autoridad. Su recompensa es que les irá bien y serán de larga vida. Por parte de los padres, deben de tener prudencia con los hijos, disciplinarlos con amor y manteniendo una relación de respeto hacia ellos.

8. El peso del pecado y de la vida antigua. El pecado mismo es una puerta para que la amargura eche raíces en nuestro corazón. Nuestra misma conciencia y el sentimiento de culpa nos hace sentir incómodos, hay la seguridad que no esta bien nuestra forma de actuar.

“He aquí, amargura grande me sobrevino en la paz, mas a ti agradó librar mi vida del hoyo de corrupción; porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados”. Isaías 38:17

¡En este caso, el corazón es guardado cuando se evita el pecado!
El crecimiento espiritual es responsabilidad del creyente. Cada uno crece en la medida de la pasión por ser un mejor hijo de Dios. En el proceso, debemos dejar la vieja naturaleza y vestirnos con la nueva. Mientras que esto sucede, podemos caer en los viejos hábitos y costumbres, esto trae frustración y abre las puertas a la amargura.

“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia”. Efesios 4:31.

¡Esta es la instrucción del apóstol! El crecimiento espiritual es necesario, debemos esforzarnos para dejar todo aquello que son puertas abiertas para la amargura, el enojo, ira, malicia, y debemos buscar llevar una vida cada día más agradable delante de Dios.

“Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente”. Mateo 26:75.

¡Pedro lloró amargamente después de haber negado al Señor!
Cuando negamos al Señor con nuestra forma de vida, nuestro corazón es infectado de amargura. Podemos guardar nuestro corazón creciendo espiritualmente, involucrándonos cada día con más fuerza y dedicación a las cosas de Dios.

9. Envidia, materialismo, comparación. Frecuentemente el éxito de algunos causa la envidia y las comparaciones en otras personas. Felipe el evangelista era usado por Dios en Samaria de una manera extraordinaria. Por mucho tiempo, Simón el mago había estafado a las personas y los reflectores de aquella ciudad estaban sobre él.

Cuando los apóstoles supieron de aquel avivamiento, enviaron a Pedro y a Juan para ayudar a Felipe. Cuando Simón vio que la gente recibía el bautismo en el Espíritu Santo su corazón se llenó de envidia y ofreció dinero a los apóstoles para que le dieran ese poder.

“Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás”. Hechos 8:20-23

El corazón de Simón se llenó de envidia cuando vio el poder de Dios en acción a través de los apóstoles. Pedro identificó que se encontraba prisionero de su propia maldad y amargura había llenado su corazón.

Debemos de guardar nuestro corazón estando contentos con lo que tenemos.

“Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”. 1Timoteo 6:8-10

El amor del dinero, la envidia, codicia, nos pueden apartar de la fe, somos traspasados de muchos dolores, la amargura entra al corazón como espada aguda. Podemos guardar nuestro corazón cuando estamos contentos con lo que tenemos.

“La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella”. Proverbios 10:22.

Cuando la bendición viene de Dios no trae tristeza con ella. Cuando las riquezas vienen de nuestro propio esfuerzo y avaricia, producen temor, angustia, cansancio, que al final se traduce en tristeza.

Sigamos la instrucción del salmista: ¡Espera en él y él hará!
¡Nuestro desafío es guardar nuestro corazón! Debemos de sellar toda posibilidad de que una raíz de amargura se establezca y nos contamine. ¡Esta es nuestra responsabilidad! Dios ha hecho su parte, nos ha dejado SU Palabra para que seamos edificados y tengamos un verdadero crecimiento cristiano.

Al guardar nuestro corazón, estamos asegurando la sanidad de nuestra alma y un servicio a Dios de excelencia.

Finalmente debemos entender:

- Todos somos susceptibles de experimentar la amargura. En los ejemplos vemos a personas importantes y gente común, creyentes e inconversos. La amargura no es una enfermedad exclusiva de aquellos que se condenan, también los santos pueden vivir amargados.

- La amargura puede apoderarse de nuestra vida y llevarnos a la muerte. Algunos de los ejemplos que leímos tienen un terrible final. Las personas que están cerca de una persona amargada sufren con ella, son contaminados y la muerte de uno, es la muerte de muchos.

- Hay una manera diferente de vivir. Algunos de los ejemplos que revisamos son personas que vencieron la amargura y fueron felices al ser sanados por Dios. Aunque nuestro desafío es guardar nuestro corazón de la amargura, si la amargura ha hallado lugar en el corazón, si hay oportunidad de ser sanado.

¡Empecemos hoy a vivir diferente!
Tomado de: www.redime.org.com
¡Les bendigo!

miércoles, 18 de marzo de 2009



CURIOSIDADES DE LA BIBLIA

1. ¿Cuántos libros contiene la Biblia?
La Biblia contiene 66 libros, divididos entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento.

2. ¿Cuántos libros contiene el Antiguo Testamento? Hay 39 libros en el Antiguo Testamento.

3. ¿Cuántos libros contiene el Nuevo Testamento?
Hay 27 libros en el Nuevo Testamento.

4. ¿Qué significa "Testamento"?
Testamento significa "convenio" o "contrato."

5. ¿Quién escribió la Biblia?
La Biblia fue escrita bajo la inspiración del Espíritu Santo por más de 40 autores diferentes de todos los quehaceres de la vida: pastores, granjeros, fabricantes de tiendas de acampar, médicos, pescadores, sacerdotes, filósofos y reyes. A pesar de estas diferencias en ocupaciones y la asombrosa cantidad de años que fueron necesarios para completarla, la Biblia es sumamente cohesiva y unificada en propósito y fondo.

6. ¿Qué autor contribuyó con más libros al Antiguo Testamento?
Moisés. Él escribió los primeros cinco libros de la Biblia, llamados el Pentateuco; los que forman los cimientos de la Biblia.

7. ¿Qué autor contribuyó con más libros para el Nuevo Testamento?
El Apóstol Pablo, quien escribió 14 libros (más de la mitad) del Nuevo Testamento.

8. ¿Cuándo se escribió la Biblia?
Se escribió en un período de unos 1.500 años, de alrededor de 1.450 a. C. (el tiempo de Moisés) a aproximadamente 100 d. C. (a continuación de la muerte y resurrección de Jesucristo).

9. ¿Cuál es el libro más antiguo del Antiguo Testamento?
Muchos estudiosos están de acuerdo en que Job es el libro más antiguo en la Biblia, escrito por un Israelita desconocido aproximadamente 1.500 a. C.

10. ¿Cuál es el libro más reciente del Antiguo Testamento?
El libro de Malaquías, escrito aproximadamente 400 a. C.

11. ¿Cuál es el libro más antiguo del Nuevo Testamento?
Probablemente el libro de Santiago, escrito aproximadamente en 45 d. C.

12. ¿Cuál es el libro más reciente del Nuevo Testamento?
Apocalipsis es el libro más reciente del Nuevo Testamento, escrito aproximadamente 95 d. C. por el Apóstol Juan.

13. ¿En qué idiomas se escribió la Biblia?
La Biblia se escribió en tres idiomas: Hebreo, Arameo, y Griego.

14. ¿Cuándo se canonizó la Biblia?
El Nuevo Testamento entero como nosotros lo conocemos hoy, se canonizó antes del año 375 d. C. El Antiguo Testamento se había canonizado previamente mucho tiempo antes del advenimiento de Cristo.

15. ¿Qué significa "canonizar"?
"Canonizar o canon" se deriva de la palabra griega "Kanon," que significa "vara de medir". Para que un libro fuera "canonizado", el mismo tenía que pasar la norma o prueba de autoridad e inspiración divina. Estos libros se convirtieron en la colección de libros o "escrituras" aceptadas por los apóstoles y por la dirección de la iglesia primitiva como una base para la creencia cristiana.

16. ¿Cuándo se imprimió la Biblia?
La Biblia fue impresa en 1.454 d. C. por Johannes Gutenberg que inventó los tipos que luego se convirtieron en la imprenta. ¡La Biblia fue el primer libro alguna vez impreso!

17. Hasta ahora, ¿cuál es el manuscrito más completo y más antiguo de la Biblia en existencia?
El "Codex Vaticanus" que data de la primera mitad del Siglo IV. Se encuentra en la biblioteca del Vaticano en Roma. Sin embargo, hay fragmentos más antiguos de la Biblia que todavía se conservan - el más antiguo es un trozo diminuto del Evangelio de Juan que se encontró en Egipto, de principios del Siglo II. (Se encuentra actualmente en la Biblioteca de Rylands en Manchester, Inglaterra).

18. ¿Cuál es el libro más extenso de la Biblia?
El libro de los Salmos.

19. ¿Cuál es el libro más corto de la Biblia?
2da de Juan.

20. ¿Cuál es el capítulo más extenso de la Biblia?
El Salmo 119.

21. ¿Cuál es el capítulo más corto en la Biblia?
El Salmo 117.

22. ¿Cuál es el verso más extenso de la Biblia?
Ester 8:9.

23. ¿Cuál es el verso más corto de la Biblia?
Juan 11:35.

24. ¿Qué libro en la Biblia no menciona la palabra "Dios"?
El libro de Esther.

25. ¿Quién era el hombre más viejo que alguna vez vivió mencionado en la Biblia?
Matusalén, quien vivió 969 años (Génesis 5:27).

26. ¿Quién fueron los dos hombres en la Biblia que nunca murieron?
Enoc, quien caminó con Dios y un día Dios se lo llevó al cielo (Génesis 5:22-24). Y Elías quien fue llevado al cielo por carrozas de fuego (II Reyes 2:11).

27. ¿Quién dice la Biblia que era el hombre más manso (excluyendo a Jesús)?
Moisés (Números 12:3).

28. ¿En cuántos idiomas se ha traducido la Biblia?
La Biblia Santa se ha traducido a más de 2.018 idiomas, con traducciones parciales innumerables, y traducciones de audio (para los idiomas no escritos). Esta es una cantidad enorme de traducciones. En comparación, Shakespeare, considerado por muchos ser el escritor más prominente del idioma inglés, se ha traducido sólo en 50 idiomas.

29. ¿Es la Biblia todavía el libro de mayor venta en el mundo?
Sí, todavía lo es, ¡aleluya!
Les Bendigo!

Salmo 104


Salmo 127:3


lunes, 16 de marzo de 2009

Lamentaciones 3:24


EL ARREPENTIMIENTO BIBLICO

El Permiso para reproducir esto está otorgado. De hecho, se le exhorta a que lo haga.

Hay diferentes ideas en nuestros días acerca de lo que es el “arrepentimiento”. Pero ¿están ellas basadas en lo que las Escrituras enseñan? (2 Timoteo 3:16-17) ¿Es meramente un cambio de mente o hay mucho más involucrado en ello?

Vamos a mirar a algunas de las más claras y más precisas definiciones bíblicas del arrepentimiento, comenzando con la enseñanza de Jesús acerca de Jonás y los ninivitas:

“Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio contra esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar”. (Mateo 12:41).

Para averiguar exactamente lo que Jesús quiso decir cuando dijo: “se arrepintieron”, vamos a revisar el recuento al cual se está refiriendo:

“Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos. Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó de su silla, se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandato del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna; no se les dé alimento, ni beban agua; sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente; y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos. ¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos? Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo”. (Jonás 3:5-10).

Los ninivitas se humillaron y clamaron fuertemente a Dios, convirtiéndose cada uno de su mal camino. Según la autoridad final, esto constituye el “arrepentimiento”, a diferencia de lo que algunos en nuestros días equivocadamente quieren que nosotros creamos – un simple “cambio de mente”.

El Ejemplo del Hijo Pródigo

Otro buen ejemplo de arrepentimiento es la enseñanza de Jesús acerca del hijo pródigo:

“Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre... el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo”. (Lucas 15:17-21).

Jesús declaró que la humildad del pródigo, su compunción, reconocimiento del pecado y regreso a su Padre, hicieron que el volviera de nuevo a la vida de su estado espiritual de muerte y perdición:

“Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse”. (Lucas 15:24).

Esto es obviamente muerte y vida espirituales, ya que el pródigo no fue afectado físicamente por esta muerte.

¿Cuán Importante es Arrepentirse?

Pedro enseñó que el arrepentimiento es el remedio para la muerte:

“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”. (2 Pedro 3:9).

No solamente fue el arrepentimiento el mensaje de Juan el Bautista (Mat. 3:1-2), sino que Jesús continuó el mensaje de Juan después que éste fue aprisionado. No hay mayor sanidad en el mensaje de uno que cuando está respaldado por el mensaje del propio Señor:

“Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea ... Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mat. 4:12,17).

Otros Ejemplos Bíblicos

El arrepentimiento de David después de su adulterio y asesinato incluyó el reconocimiento de su pecado (2 Samuel 12:13). Observe su oración sincera y de corazón en el Salmo 51.

Por otro lado, Saúl estaba más preocupado de ser honrado delante del pueblo que de mostrar verdadera humildad con respecto a su desobediencia:

“Y él dijo: Yo he pecado; pero te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y vuelvas conmigo para que adore a Jehová tu Dios” (1 Samuel 15:30).

La reacción de Pedro hacia su propio pecado (negar a Jesús tres veces) fue el llanto amargo:

“Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente” (Lucas 22:61,62).

¡Cuán sabio es seguir el consejo de Santiago!, que predicó el verdadero arrepentimiento que, a propósito, refuta el punto de vista sobre el avivamiento en el movimiento de la “risa santa”:

“Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor, y él os exaltará” (Santiago 4:8-10).

¿Cómo Obtener Perdón y Misericordia?

Para obtener perdón y misericordia del Señor, Isaías aconseja, “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (Isaías 55:7). Observe que dice que Dios “será amplio en perdonar” pero según el contexto, eso está condicionado a que el impío deje sus caminos y pensamientos malvados, y se vuelva al Señor.

El Profeta Daniel era altamente estimado (Daniel 9:23) y dio consejo (aunque no fue escuchado) al Rey Nabucodonosor:

“Por tanto, oh rey, acepta mi consejo: tus pecados redime con justicia, y tus iniquidades haciendo misericordias para con los oprimidos, pues tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad”. (Daniel 4:27).

El hijo de Nabucodonosor, Belsasar, no se humilló aunque él sabía del juicio de Dios sobre su padre, y aun se exaltó en contra del Señor del cielo (Daniel 5:22,23). ¡Cuánto más sabio él habría sido de haber seguido el buen ejemplo del propio Daniel:

“Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión, ... hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas... y no hemos implorado el favor de Jehová nuestro Dios, para convertirnos de nuestras maldades y entender tu verdad” (Daniel 9:4-5, 13).

Jeremías aconsejó a los oficiales y al pueblo: “mejorad ahora vuestros caminos y vuestras obras, y oíd la voz de Jehová vuestro Dios” (Jeremías 26:13).

Salomón oró, “Si el cielo se cerrare y no lloviere, por haber ellos pecado contra ti, y te rogaren en este lugar y confesaren tu nombre, y se volvieren del pecado, cuando los afligieres” (1 Reyes 8:35). El también sabía lo siguiente acerca del arrepentimiento:

“Y ellos volvieren en sí en la tierra donde fueren llevados cautivos; si se convirtieren y oraren a ti en la tierra de su cautividad, y dijeren: pecamos, hemos hecho inicuamente, impíamente hemos hecho; si se convirtieren a ti de todo su corazón y de toda su alma en la tierra de su cautividad, donde los hubieren llevado cautivos, y oraren hacia la tierra que tú diste a sus padres, hacia la ciudad que tú elegiste, y hacia la casa que he edificado a tu nombre” (2 Crónicas 6:37,38).

El Remedio

En el libro de Ezequiel, el Señor ordenó que una marca fuera puesta en las frentes de aquellos que “gimen y que claman a causa de todas las abominaciones (pecados) hechas en la ciudad (9:4) para protegerlos de ser asesinados (9:6). Algún tiempo después, Dios hizo que Ezequiel profetizara:

“Así dice Jehová el Señor: Convertíos y volveos de vuestros ídolos, y apartad vuestro rostro de todas vuestras abominaciones”. (14:6).

Ezequiel enseñó que “el alma que pecare, ésa morirá” (18.20). Sin embargo, Dios tiene un remedio:

“Mas el impío, si se apartare de todos sus pecados que hizo, y guardare todos mis estatutos e hiciere según el derecho y la justicia, de cierto vivirá; no morirá. Todas las transgresiones que cometió, no le serán recordadas; en su justicia que hizo vivirá. ¿Quiero yo la muerte del impío? Dice Jehová el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos? ... Y apartándose el impío de su impiedad que hizo, y haciendo según el derecho y la justicia, hará vivir su alma. Porque miró y se apartó de todas sus transgresiones que había cometido, de cierto vivirá; no morirá. ... Convertíos, y apartaos de todas vuestras transgresiones, y no os será la iniquidad causa de ruina. Echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué moriréis, casa de Israel?”. (Ezequiel 18:21-23, 27, 28, 30, 31).

No hay ningún cristiano que alguna vez haya vivido que no haya sido tentado al pecado, pero el Espíritu Santo dio una verdad relevante y consoladora a los cristianos de Corinto que se extiende hasta nosotros hoy:

“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Cor. 10:13).

Todos seremos tentados pero ninguno tiene por qué ceder a la tentación. ¿De qué otra manera podríamos nosotros evitar el pecado? El Apóstol Pablo nos dio visión que puede ser una salvaguarda para nuestras almas:

“Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz”. (Romanos 8:5,6).

Perdón Condicional

Muchos maestros populares en nuestros días erróneamente proclaman que todos los pecados de los cristianos – pasados, presentes y futuros – han sido ya perdonados. En contraste, la Biblia cita condiciones para ser perdonados después que se ha experimentado la verdadera regeneración:

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

El Apóstol Juan – que era salvo – se incluía a sí mismo aquí usando el pronombre “nosotros”. Esta confesión de pecados a Dios debe estar también combinada con la voluntariedad de renunciar a esos pecados:

“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia”. (Proverbios 28:13).

El Señor Jesús dio otra condición relevante para recibir el perdón, de la que pocos en nuestros días tienen deseos de predicar:

“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial. Mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre celestial os perdonará vuestras ofensas”. (Mateo 6:14,15).

Jesús está dirigiendo su enseñanza a sus propios discípulos que vinieron a El (5:1,2). Observe también en Mateo 6:14,15 que Jesús les dijo que “vuestro Padre” no os perdonará vuestras ofensas si vosotros no perdonáis a los hombres sus ofensas. El no puede estar hablando a gente no salvada ya que ellos no tendrían a Dios como su Padre espiritual.

El Rey David escribió, “Bienaventurado aquél cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado” (Salmo 32:1) y dijo cómo él había obtenido el perdón:

“Mi pecado te declaré y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová, y tú perdonaste la maldad de mi pecado”. (Salmo 32:5).

El perdón no viene en forma automática, como se evidenció en el versículo precedente. David tuvo que hacer algo para obtener este perdón. Quizás Juan tenía este versículo y otros similares en mente cuando escribió 1 Juan 1:9.

El consejo del Dios Soberano a través de Isaías fue:

“Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”. (Isaías 1:16-18).

Dios es compasivo y misericordioso, no queriendo que ninguno se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9) pero nosotros debemos hacer nuestra parte según está registrada en las Santas Escrituras. La Biblia no enseña que los cristianos están ya perdonados aun antes de que sus pecados futuros sean cometidos. No deje que los falsos maestros de nuestros días lo engañen. Presten atención al mensaje de la Escrituras:

El Arrepentimiento es Fundamental para el Cristianismo

El escritor de Hebreos enseñó (entre otras enseñanzas elementales) que el arrepentimiento es un principio fundamental cristiano:

“Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, y de la fe en Dios” (Hebreos 6:1).

Pronto examinaremos algunas de las “obras muertas”. Pablo dijo a los cristianos romanos que el pecado lleva a la muerte espiritual (Romanos 6:16) y Santiago advirtió cómo ocurre esta "muerte":

“Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces, la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, a la luz la muerte. Amados hermanos míos, no erréis”. (Santiago 1:14-16)

Estas fueron las enseñanzas básicas y elementales de la iglesia primitiva que raramente se repiten en nuestros días y aun peor, que son negadas por los maestros de la eterna seguridad.

El Verdadero Arrepentimiento produce “Fruto”

En el momento del arrepentimiento y de la salvación inicial, pasamos de muerte a vida (1 Juan 3:14), de las tinieblas a la luz (Hechos 26:18, Efesios 5:8, 1 Pedro 2:9), y del poder de Satanás a Dios (Hechos 26:18). Pero esto no acaba aquí. Juan el Bautista dio su entendimiento inspirado por el Espíritu Santo en cuanto a lo que Dios requiere del arrepentimiento, en Lucas 3:8-14:

“Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento. Y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego. Y la gente le preguntaba, diciendo: Entonces, ¿Qué haremos? Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo. Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? El les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado. También le preguntaron unos soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario”.

Observe la responsabilidad humana involucrada. ¿Estaba Juan enseñando una salvación por medio de “obras”? De ningún modo. El padre de Juan, Zacarías, profetizó acerca de él bajo la inspiración del Espíritu Santo (Lucas 1:67) que Juan daba al “pueblo de Dios conocimiento de salvación para perdón de sus pecados”, V. 77. Aunque algunos pudieran reclamar equivocadamente que Juan enseñaba la “ley” y las “obras” del Antiguo Testamento, ¡Dios dio el conocimiento de la salvación a través de él!

La enseñanza de Jesús acerca de los justos fue muy similar e incluía acción de la parte de los redimidos o los “benditos”:

“Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer, tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí” (Mateo 25:34-36).

Jesús enseñó, “Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán” (Lucas 13:24). Pero “la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Juan 1:17).

Aunque esto está en conflicto con el falso mensaje de “gracia” de hoy en día, ésta es la verdadera gracia Bíblica del Dios Todopoderoso. Escoja a quién creer – al que tiene toda autoridad en el cielo y en la tierra (Mateo 28:18) o a los impíos convertidores de la gracia de hoy (Judas 3,4).

Demuestre Su Arrepentimiento y Manténganse

Mientras que no éramos salvos, nosotros producíamos fruto para muerte (Rom 7:5). Pero ahora debemos producir buen fruto para evitar el ser cortados y arrojados en el fuego (Mat. 3:10). Esto requiere acción de nuestra parte que no puede ser una salvación por “obras” ya que Jesús encomió el mensaje de Juan (Mateo 11:11). El mensaje estándar del evangelio de gracia del Apóstol Pablo también está de acuerdo con el de Juan:

“... que anuncié... que se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento” (Hechos 26:20).

Jesús nos hace libres de la esclavitud del pecado (Juan 8:34-36) pero después de la salvación inicial, Pablo enseñó a los cristianos a persistir en buscar la eternidad, a continuar en el Espíritu y a hacer morir el pecado para vivir:

“Vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad” (Romanos 2:7).

“Porque si vivís conforme a la carne, moriréis, mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (Romanos 8:13).

La responsabilidad humana y el libre albedrío están también claros en el consejo de Pablo al Pastor Timoteo cuando le dice “no participes en pecados ajenos. Consérvate puro” (1 Timoteo 5:22).

En forma similar, Juan aconsejó a sus hijos “guardarse de los ídolos” (1 Juan 5:21).

Alguno pudiera alegar, “pero nosotros no estamos bajo la ley”. Cierto, nosotros no estamos bajo la ley ceremonial, pero nosotros todavía estamos bajo la ley moral como puede verse en versos tales como 1 Corintios 6:9, 10; Efesios 5:5-7; Gálatas 5:19-21; Judas 7; Apocalipsis 21:8; etc. Recuerde que Pablo le dijo a los cristianos corintios que no fueran idólatras (1 Corintios 10:7). El sabía que los cristianos podían convertirse en idólatras y terminar así en el lago de fuego según Ap. 21:8 a menos que se arrepintieran. Por lo tanto, estos apóstoles aconsejaron a los cristianos mantenerse lejos de tal peligro espiritual.

Santiago enseñó qué clase de religión es aceptable a Dios y de qué debían guardarse los cristianos:

“La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es ésta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones y guardarse sin mancha del mundo” (Santiago 1:27).

Estas todas son enseñanzas de la verdadera gracia. El problema, entonces, estriba en aquellos que tienen un punto de vista distorsionado acerca de la gracia.

Escudriñe Su Corazón y Libérese

El consejo siguiente de los Salmos puede ser de gran beneficio para aquellos que desean mantener un camino santo delante de Dios:

“Temblad y no pequéis; meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad” (Salmo 4:4).

“Confesaré mi maldad, y me contristaré por mi pecado” (Salmo 38:18).

“Consideré mis caminos, y volví mis pies a tus testimonios” (Sal 119:59)

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Salmo 139:23-24).

Estas clases de oraciones nos ayudarán a mantener un corazón puro, que es vital ya que estos son los que estarán en el lugar santo de Dios (Salmo 24:3,4). “Mantener la fe y la buena conciencia” nos preservará de naufragios espirituales (1 Timoteo 1:19).

Pedro y Pablo nos dieron otras importantes salvaguardas y ordenanzas:

“Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis en salvación” (1 Pedro 2:1,2).

“Porque : El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño; apártese del mal, y haga el bien; busque la paz, y sígala” (1 Pedro 3:10,11).

“Por lo cual, oh amados, estando es espera de estas cosas (la morada de la justicia, V. 13), procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz”. (2 Pedro 3.14).

“Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de la desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. Pero ahora, dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno”. (Colosenses 3:5-10).

Para liberarnos del pecado a fin de regresar a Dios ha existido desde hace mucho tiempo un mandato bíblico:

“Si de todo corazón os volvéis a Jehová, quitad los dioses ajenos y a Astarot de entre vosotros, y preparad vuestro corazón a Jehová, y sólo a El servid” (1 Samuel 7:3).

“Echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué moriréis, casa de Israel?” (Ezequiel 18:31).

El Verdadero Arrepentimiento Incluye Dolor Santo y Vergüenza

El verdadero arrepentimiento también se manifiesta en dolor, vergüenza por aquellos actos pecaminosos cometidos y en un deseo ferviente de hacer las cosas correctamente:

“Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. ¿Pero qué fruto tenías de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna” (Romanos 6:20-22).

“Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte. Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto” (2 Corintios 7:10,11).

“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmo 51:17).

Por otro lado, los impíos están vacíos del temor de Dios y el dolor que lleva a la salvación:

“La iniquidad del impío me dice al corazón: No hay temor de dios delante de sus ojos. Se lisonjea, por tanto, en sus propios ojos, de que su iniquidad no será hallada y aborrecida”. (Salmo 36:1,2).

Un buen punto clave de la condición de su corazón, entonces, es: ¿Teme usted a Dios y aborrece su pecado, o está usted entre los impíos anteriormente descritos?

Actos que Llevan a la Muerte

Como fue mencionado previamente, Heb. 6:1 declara que hay obras que conducen a la muerte, pero ¿cuáles son ellas? Los pecados listados en 1 Corintios 6:9,10, Efesios 5:5,6, Gálatas 5:19-21 y Apocalipsis 21:8 nos dan visión de las cosas de las que uno debe arrepentirse, ya que aquellos que las hacen no heredarán el reino:

“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni os fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:9,10).

“Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia” (Efesios 5:5,6).

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:19-21).

“Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago de fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Apocalipsis 21:8).

¿Qué esperanza tiene el infortunado cristiano que caiga en tales pecados después de su salvación inicial? Estas abominaciones deben ser confesadas y abandonadas, buscando el perdón de Dios. Jesús enseñó que el pródigo volvió a vivir después de una completa ruptura con su relación con las rameras (Lucas 15:24,32). Lo mismo puede ser establecido acerca de David después que él humildemente buscó el perdón del Señor por su pecado sexual y su asesinato (Salmo 51). ¿Se mantuvo David salvo durante su detestable pecado antes de arrepentirse? No, según el Soberano Dios que habló Apocalipsis 21:8 desde su propio trono después que la obra infinita del Señor Jesús fuera completada. Dios no hizo excepciones con nadie, incluyendo a un hombre que escribió parte de la Biblia. Gracias a Dios, David se arrepintió antes que muriera. Muchos no lo hacen. Ezequiel explica lo que le sucedió espiritualmente al Rey David durante ese período oscuro de su vida:

“Mas si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Ninguna de las justicias que hizo le serán tenidas en cuenta; por su rebelión con que prevaricó, y por el pecado que cometió, por ello morirá” (Ezequiel 18:24).

“... La justicia del justo no lo librará el día que se rebelare; y la impiedad del impío no le será estorbo el día que se volviere de su impiedad; y el justo no podrá vivir por su justicia el día que pecare. Cuando yo dijere al justo: De cierto vivirás, y él confiado en su justicia hiciere iniquidad, todas sus justicias no serán recordadas, sino que morirá por su iniquidad que hizo” (Ezequiel 33:12,13).

Similarmente a lo que Jesús enseñó sobre el pródigo, Pablo dijo al los cristianos romanos:

“Porque si vivís conforme a la carne, moriréis, mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (Romanos 8:13).

Aquellos que son espirituales, pueden ayudar a restaurar a los hermanos caídos:

“Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados” (Santiago 5:19,20).

“Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado” (Gálatas 6:1).

“Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte. Hay pecado de muerte por el cual yo no digo que se pida. Toda injusticia es pecado, pero hay pecado no de muerte” (1 Juan 5:16,17).

Hacer Restitución

Los ladrones deben devolver lo que ellos robaron:

“El ladrón hará completa restitución; si no tuviere con qué, será vendido por su hurto. Si fuere hallado con el hurto en la mano, vivo, sea buey o asno u oveja, pagará el doble. Si alguno hiciere pastar en campo o viña, y metiere su bestia en campo de otro, de lo mejor de su campo y de lo mejor de su viña pagará. Cuando se prendiere fuego, y al quemar espinos quemare mieses amontonadas o en pie, o campo, el que encendió el fuego pagará lo quemado. Cuando alguno diere a su prójimo plata o alhajas a guardar, y fuere hurtado de la casa de aquel hombre, si el ladrón fuere hallado, pagará el doble.... En toda clase de fraude, ... el que los jueces condenaren, pagará el doble a su prójimo... Más si (el animal) le hubiere sido hurtado, resarcirá a su dueño. Pero si alguno hubiere tomado prestada bestia de su prójimo, y fuere estropeada o muerta, estando ausente su dueño, deberá pagarla. Si alguno engañare a una doncella que no fuere desposada, y durmiere con ella, deberá dotarla y tomarla por mujer. Si su padre no quisiere dársela, él le pesará plata conforme a la dote de las vírgenes”. (Éxodo 22:3-17).

¿Se aplica la restitución a nosotros bajo el Nuevo Pacto? ¡Sí! Ante la voluntariedad de Zaqueo de hacer restitución a los otros que él había engañado, Jesús declaró que esto mostraba que la salvación había llegado a él:

“Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”. (Lucas 19:8-10).

Pero en el caso de un ladrón arrepentido moribundo, que no pudiera resarcir lo que robó bajo su condición, aun así será perdonado (Lucas 23:42,43).

Una Lista que Resume

Aunque no sea una lista exhaustiva, hemos visto las siguientes verdades citadas en la Biblia:

· Clame fuertemente a Dios y conviértase del mal camino y de la rapiña (Jonás 3:5-10).
· Reconozca que ha pecado contra el cielo y contra Dios y que no es ya digno de ser llamado su hijo (Lucas 15:17-21; 2 Samuel 12:13).
· Llore amargamente por el pecado (Lucas 22:61,62).
· Acérquese a Dios, limpie sus manos; purifique sus corazones, aflíjase, lamente y llore; cambie su risa en llanto y su gozo en tristeza; humíllese ante Dios (Santiago 4:8-10).
· Deje sus caminos impíos y sus malos pensamientos y vuélvase al Señor (Isaías 55:7).
· Redima los pecados con justicia y las iniquidades haciendo misericordia con los oprimidos (Daniel 4:27).
· Ore a Dios y confiese que usted ha pecado y hecho iniquidad, que ha hecho impíamente y ha sido rebelde y se ha apartado de sus mandamientos y de sus ordenanzas. Busque el favor del Señor volviéndose de sus pecados y prestando atención a la verdad del Señor (Daniel 9:4-5, 13).
· Mejore sus caminos y sus obras y obedezca al Señor (Jeremías 26:13).
· Confiese el nombre de Dios y conviértase del pecado (1 Reyes 8:35).
· Vuelva en usted, ore a Dios y conviértase a Dios de todo corazón y con toda el alma (2 Crónicas 6:37,38).
· Busque la salida que Dios ha provisto para resistir firme la tentación (1 Corintios 10:13).
· Siembre para el Espíritu para segar vida eterna; no se canse de hacer bien; haga bien a todos mayormente a la familia de la fe (Gálatas 6:8-10).
· Gima y clame a causa de todas las abominaciones (Ezequiel 9:4)
· Conviértase, vuélvase de sus ídolos y aparte su rostro de todas sus abominaciones (Ezequiel 14:6).
· Apártese de todos sus pecados que hizo y guarde todos los estatutos de Dios, haga según el derecho y la justicia. Considere todas las ofensas cometidas y vuélvase de ellas. ¡Arrepiéntase! Conviértase de todas sus impiedades. Apártese de todas sus impiedades que usted ha cometido y hágase un corazón nuevo y un espíritu nuevo (Ezequiel 18:21, 23, 27, 28, 30, 31).
· Confiese sus pecados (1 Juan 1:9).
· No encubra pecados, confiéselos y apártese de ellos para hallar misericordia (Proverbios 28:13).
· Reconozca su pecado ante Dios y no encubra su iniquidad; confiese sus transgresiones al Señor (Salmo 32:5).
· Lávese y límpiese. Quite la iniquidad de sus obras de delante de los ojos de Dios. Deje de hacer lo malo, aprenda a hacer el bien, busque el juicio, restituya al agraviado, haga justicia al huérfano, ampare a la viuda (Isaías 1:16-18).
· Arrepiéntase de las obras muertas (Hebreos 6:1).
· Produzca (buen) fruto manteniéndose en su arrepentimiento y evite el ser cortado y echado en el fuego (Mateo 4:12-17; Mateo 25:34-36; Lucas 3:8-14).
· Esfuércese a entrar por la puerta angosta (Lucas 13:24).
· Arrepiéntase y conviértase a Dios y haga obras dignas de arrepentimiento. (Hechos 26:20).
· Persevere en hacer bien, busque gloria, honor e inmortalidad para que pueda tener vida eterna (Romanos 2:7).
· No viva conforme a la carne, sino conforme al Espíritu haciendo morir las obras de la carne y vivirá (Romanos 8:13).
· No participe en los pecados ajenos y consérvese puro (1 Timoteo 5:22).
· Guárdese de los ídolos (1 Juan 5:21).
· Manténgase sin mancha de este mundo (Santiago 1:27).
· Medite en su cama y calle (Salmo 4:4).
· Considere sus camino y vuelva sus pies a los testimonios de Dios (Salmo 119:59).
· Pida a Dios que examine su corazón y lo conozca, que lo pruebe y conozca sus pensamientos para ver si hay en usted camino de perversidad y que lo guíe por el camino eterno (Salmo 139:23,24).
· Mantenga la fe y la buena conciencia (1 Timoteo 1:19)
· Deseche toda malicia y engaño, hipocresía, envidia, y todas las detracciones; desee la leche espiritual no adulterada (1 Pedro 2;1,2)
· Guarde su lengua del mal y sus labios de hablar engaño; apártese del mal y haga el bien, busque la paz y sígala (1 Pedro 3:10,11)
· Procure con diligencia ser hallado por Dios sin mancha, irreprensible y en paz (2 Pedro 3:14)
· Haga morir en usted lo terrenal, deje la ira, el enojo, la malicia, la blasfemia, las palabras deshonestas de su boca; no mienta (Colosenses 3:5-10)
· Deje los dioses ajenos (1 Samuel 7:3) y las ofensas cometidas: busque un nuevo corazón y un nuevo espíritu (Ezequiel 18:31)
· Avergüéncese de sus pecados pasados (Romanos 6:20-22)
· Contrístese según Dios y tenga un ferviente deseo de limpiarse (2 Corintios 7:10,11).
· Tenga un corazón contrito y humillado (Salmo 51:17).
· Tema a Dios y aborrezca su pecado (Salmo 36:1,2)
· Evite todos los pecados que aparecen en 1 Corintios 6:9,10; Efesios 5:5-7; Gálatas 5:19-21 y Apocalipsis 21:8)
· Restituya aquellas cosas que usted robó (Éxodo 22:3-17; Lucas 19:8-10)
Tomado de: http://www.alcanceevangelistico.org

Salmo 59:17


Isaias 54:7


Mateo 5:14